Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

viernes, 15 de julio de 2011

Partidos de desconfianza.

Finalmente el Acto Legislativo 01 de 2009 obtuvo la sanción presidencial. Dicho acto legislativo busca una vez más reglamentar a los Partidos Políticos, como antes lo hiciera el Acto Legislativo 01 de 2003. Como pueden notar en el enlace, estas reformas básicamente le dan un borrón y cuenta nueva a sectores enteros de la Constitución que hacen preguntarse por qué este tipo de reglamentaciones no se dan más bien como ley ordinaria, al ser cambiadas cada tanto. Pero más importante que eso, es que por mucha manivela que le metan al asunto, los problemas de nuestro sistema de partidos van mucho más allá que eso.

Si bien es necesario que se blinde todo el sistema político contra elementos corruptos, que se habrá una ventanilla única para que los partidos puedan consultar sobre éstos, y que además haya “purgas” dentro de los partidos como sucedió hace poco con los de la U, Liberal y Conservador. El lío es que incluso si nuestros partidos políticos lograran llevar a sus listas únicamente personas honestas, la desconfianza hacía estas instituciones es muy alta, o por lo menos así se percibe. Romper con esto tomará un muy buen tiempo y ciertos aspectos más allá de unas normas en el papel. La desconfianza se debe principalmente a la corrupción que ha permeado a todos los niveles de nuestra sociedad: la compra de votos con dinero o comida, los votos forzados, la manipulación por parte de caciques locales, etc. A tal nivel se ha llegado que el término “maquinaria política” se confunde ya con “red de corrupción”, sin tener en cuenta que las maquinarias políticas son parte del funcionamiento de un partido, incluyendo aquellos países que registran bien en transparencia internacional.

Por otro lado, en estas épocas de Unidad Nacional el problema es precisamente ese, la Unidad Nacional. ¿De qué sirve votar por uno u otro partido si a la larga todos dan la misma? Porque si bien podrán exponer unos ideales en sus sitios web y declaraciones oficiales, muchos en sí son confusos y complacientes, y en la práctica es difícil distinguir uno de otro. Acá se evidencia uno de los problemas del exceso de democracia, los candidatos buscan agradarle a todo el mundo y son capaces de dar cuanto malabarismo ideológico, doctrinario o similar con tal de llevarse esos votos. El efecto es que esas actitudes “centristas” es que ya nadie se siente realmente identificado con una posición o la otra, dando aún más base a las políticas personalistas que a políticas coherentes. Aquellos que aún siguen afiliados a un partido al parecer lo hacen por filiación familiar, gusto por la historia, ser parte de la maquinaria personalista, o porque buscan de algún modo subvertirlo y ajustarlo a algún lineamiento político.

Y por más reformas que se hagan desde arriba esto es algo que tiene que venir más desde las iniciativas de las bases. Porque estas reformas en lo legal están basadas en consideraciones sobre cuál es el mejor sistema de partidos y cuál es el mejor sistema electoral, sin al parecer tomar en consideración el hecho de que los buenos resultados percibidos de ciertos sistemas políticos, electorales y de partidos se deben más a un proceso histórico que a las maquinaciones de distintos bandazos. En Colombia se pasó de una alta atención a la política en nuestro antiguo sistema bipartidista que superaba incluso los eventos deportivos y culturales (está es una posible razón de nuestro pobre interés y desempeño en ambos), a uno increíble tibieza luego del pasmo que significó el Frente Nacional. Con la Constitución de 1991 se supone que se le dio mayor espacio a la participación a los grupos que quedaron excluidos luego del pacto bipartidista, pero el resultado fue una ridícula atomización de partidos de garaje con nombres rimbombantes que realmente sólo se representaban a sí mismos. Luego del mencionado acto de 2003 se logró cierta disciplina partidaria, pero sigue siendo aún un paño de agua tibia. Vale la pena preguntarse por qué todos los partidos de la Unidad Nacional no se dejan de bobadas y arman un solo partido nacional haciendo junto con el Polo un sistema de partido y medio (R\: intereses personales).

Entonces mientras eso sucede pueden hacer las reformas que quieran, pero mientras persistan ciertas actitudes así mismo persistirá la apatía. Aunque se aplaude el hecho de que se busque frenar la corrupción dentro del sistema electoral, y además el gobierno actual se lleve el crédito por una medida que claramente viene de antes (la política es de resultados). Sin embargo, nos encontramos ante una paradoja: debemos votar para mantener el menos peor de los sistemas políticos y poder tener una voz, pero las opciones disponibles no son las mejores.

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