Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

lunes, 18 de julio de 2011

Bailando samba a nivel mundial.

Recientemente el Consejo sobre Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations, CFR) publicó un reporte sobre las relaciones globales de Brasil y las relaciones entre este país y Estados Unidos, y por tal motivo la página web oficial de dicha organización ha publicado varios artículos con respecto a la potencia emergente sudamericana. Para los interesados el reporte lo pueden descargar aquí, y aunque no lo he podido leer en su totalidad, el reporte resume las recomendaciones que dan a estos académicos dada la importancia que ha tomado Brasil en las últimas dos décadas.

Históricamente Estados Unidos ha considerado a Latinoamérica su “patio trasero” y por simples cuestiones geográficas su natural esfera de influencia. Lo que parece no haber advertido es que precisamente uno de esos países dentro de esa esfera de influencia tiene marcadas diferencias culturales e históricas con el resto de la región. Eso, además de una posición geoestratégica privilegiada en donde cuenta con amplios y vastos recursos naturales, y que comparte frontera con casi todos los países de Sudamérica (sólo Ecuador y Chile no tienen acceso directo), hace que Brasil sea el candidato perfecto para competir por el poder en esta zona siendo ya la octava economía más grande del mundo y el quinto país más grande tanto en terreno como en población.

Una política exterior constante, incluso durante las dictaduras militares, ha hecho que la esfera de influencia de Brasil no sólo se limite a Sudamérica, donde con entidades como Mercosur y Unasur empieza a asegurar esta zona y hacer frente a otras influencias. Pero el alcance carioca no se limita a su proximidad geográfica sino también llega a su proximidad histórica, al hacer alusión a su pasado colonial bajo los portugueses y ser el país con mayor afro-descendencia, ha sabido llegarles a países africanos como Angola, Mozambique o Guinea Bissau, logrando de esta forma cierta influencia en el Continente Negro. Y como si eso fuera poco, bien sabido es que Brasil es la ‘B’ en los BRICS, los cuales se levantan como un bloque comercial mundial, pero también muestras indicios de hacer contrapeso a las potencias tradicionales.

El acercamiento internacional de Brasil ha sido el aprovechar a su favor los nuevos medios de ejercer influencia dentro de un marco de soft power tales como el multilateralismo, el comercio, el ambientalismo, los eventos deportivos de talla mundial, y en el caso africano, la ayuda humanitaria; todo esto respaldado por un discurso no-intervencionista y pacifista. Es por ello que desde la década de 1990 viene presionando junto con Alemania, Japón, y su compañera en los BRICS, India para ampliar la membrecía permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, en lo que se denomina el G4. Si bien a Japón y a Alemania aún los bloquean por su pasado en la Segunda Guerra Mundial, Brasil e India tiene una mayor delantera para lograr tal cometido. En el caso brasilero ayuda más su presencia pacifista (sería el único país en el Consejo sin armas nucleares), aunque su no-intervencionismo puede ponerse en su contra, y su lobby en África que en Sudamérica, sin embargo, su principal bloqueo en ese continente será irónicamente el Consenso de Ezulwini que busca una mayor presencia africana en la ONU y es apoyado por China.

En el caso de su propia esfera de influencia, las talanqueras que recibe Brasil por parte de sus vecinos se deben precisamente al resentimiento que genera la mayor presencia de este país en la región, y la mayor dependencia que se genera hacia él debido a esto. Porque si bien Brasil promueve el libre comercio, sus medidas económicas siguen siendo ampliamente proteccionistas y de un fuerte intervencionismo estatal. Por lo tanto Brasil puede llegar ganando más por peso en este tipo de negociaciones que por la fuerza, pero igualmente no se trata de una negociación del todo amable. Y como hemos visto desde nuestra cercanía, Brasil hace todo lo posible para mediar en los conflictos dentro de la región, como la tensión entre nuestro país y Venezuela, la huelga de policías en Ecuador, y llega también a asilar al depuesto presidente de Honduras. No solo esto lo muestra como una potencia pacificadora, sino que además aprovecha para establecer nuevas negociaciones comerciales y aumentar la dependencia hacia sí, como fue el caso de Venezuela donde sustituyó muchas de nuestras exportaciones hacia ese país.

El hecho que se apoye en el multilateralismo y las organizaciones internacionales puede llegar a ser el talón de Aquiles de esta potencia emergente. Nuestro actual gobierno bajo Juan Manuel Santos ha sido uno de los que apoyado el lobby brasileño en dichos organismos, y tal apoyo si se sabe capitalizar puede ser beneficioso para nosotros si se plantean unas buenas condiciones y negociaciones para recibir tal apoyo, las cuales tendrá que cumplir en virtud de tales acuerdos bilaterales. Sólo falta esperar que Santos haga gala de la astucia que presume, y que tampoco se regale del todo cambiando la dependencia de una potencia por otra (acá lo inteligente sería saber aprovechar la competencia entre éstas).

Hoy en día que no se sabe si vivimos en un mundo unipolar hegemónico o multipolar y se le ha puesto encima el barniz de la “globalización”, vemos como la competencia ante el supuesto hegemón se alza en su propio vecindario y frente a nuestras narices. Brasil puede tener muchos problemas en su interior ¿pero qué potencia no? Más bien hay que estar atentos a los movimientos que haga porque de ello depende el que podamos salir adelante o nos estanquemos. Con Brasil emergiendo es aún más importante porque se trata de una potencia que está aprendiendo a articular Norte y Sur.

(De todos modos este Bastardo Realista se alegra de que Brasil haya perdido contra un deslucido Paraguay por penalties)

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