Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

sábado, 18 de junio de 2011

Y acá en Suramérica

Ya antes me he manifestado respecto a las potencias emergentes en Europa, Asia y Eurasia, ahora les voy a mostrar otro documento que escribí hace poco hablando sobre esa misma competencia de poder en nuestra región, donde a pesar de los grandilocuentes discursos dependentistas, también vemos como los países compiten entre sí por la adquisición de poder, dándome a aún más pie para ser un Bastardo Realista:
En 1991 con el Tratado de Asunción se dio inicio al Mercado Común del Sur (Mercosur) como un acuerdo político entre cuatro países del Cono Sur: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Fue creado en principio como un acuerdo comercial influenciado por las corrientes de la época, es decir, los lineamientos neoliberales del Consenso de Washington y el neo-idealismo kantiano de la post-guerra fría[1]. Y curiosamente, fue a la vez una respuesta por parte de Brasil para establecer su poder regional en línea con el proyecto estadounidense del ALCA, en el cual se busca una alianza de libre comercio entre todas las Américas. Por lo tanto, mirando este acuerdo comercial desde un enfoque distinto al idealismo descrito, se puede notar que se trata más de una competencia de poder entre Brasil y su principal socia dentro de dicho acuerdo, Argentina.
Un aspecto de esta competencia está en la divergencia entre las políticas exteriores de ambos estados. Por un lado, Argentina ha mostrado una política exterior errática cuya única constante ha sido el reclamo histórico de las Islas Malvinas. Bajo el mando de Perón y su idea de la “Tercera Vía”, Argentina intentó hacerse al margen de la competencia bipolar de la guerra fría, pero debido a la inestabilidad política no logra unirse a los No Alineados sino hasta 1973. Luego durante el gobierno de Carlos Menem en la década de 1990 se dieron lo que se llamaron las “relaciones carnales”, basadas en el realismo periférico que buscaba la mayor cantidad de beneficios posibles posicionándose bajo la esfera de influencia de Estados Unidos. Finalmente con Néstor Kirchner se consolidada la política exterior actual argentina, la cual busca una mayor cooperación regional y alejarse de las políticas de Washington[2].
Por otro lado, a pesar de ciertos cambios en el estilo de conducir su política exterior, Brasil ha sido consecuente en su idea de fomentar el desarrollo interior al mejorar sus condiciones exteriores. En particular desde 1970, Brasil ha mostrado cierta autonomía frente a Washington y se ha concentrado en hacer “parcerías estratégicas” con países que siente afines como sus socios en Mercosur[3]. Y a diferencia de su vecino austral, Brasil ha buscado y encontrado tales socios estratégicos en países africanos y asiáticos como Egipto, Nigeria, Tanzania, Filipinas, Indonesia, Pakistán, Tailandia, entre otros; y también ser miembro del grupo BRICS (junto con Rusia, India, China y Sudáfrica), el cual además de ser un acuerdo comercial, busca ser una alternativa en la política mundial al atlanticismo imperante por parte de los grandes estados periféricos. Sumado a esto, Brasil también aspira a un puesto en Consejo de Seguridad de la ONU, la dirigencia de la OMC, y un papel más protagónico dentro del G20[4]. Además también es consecuente en tener presente la Teoría de la Dependencia, la cual fue ideada por sus propios científicos sociales, en al cual no se ve al subdesarrollo como una camino hacia el desarrollo sino como un aspecto de este, y donde las regiones que se aíslan de esa relación centro-periferia suelen lograr un desarrollo propio[5].
Por lo tanto, es notorio que la mayor diferencia entre los dos países estriba en un clivaje dependencia-independencia. Argentina en sus tres variantes de política exterior ha buscado el obtener beneficios usando un bajo perfil o como miembro de un bloque mayor, pero sin mayores afanes de protagonismo, basándose en la cooperación, a la vez que mantiene una mirada estrecha que apenas sale del continente. Por su parte Brasil, y en especial desde la presidencia de Lula da Silva, ha aprovechado el discurso de la cooperación más para establecer distintas zonas de influencia y fortalecerse a sí mismo como potencia regional y/o periférica, con miras hacia una mayor presencia mundial, que en realidad como un discurso nivelador entre países.
Por ello no sorprende que Argentina sea la principal talanquera en las aspiraciones de Brasil de adquirir un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Argentina argumenta que tal organismo no cumple con los principios democráticos promovidos por Mercosur, además de sostener que uno de los objetivos de éste es lograr una negociación 4+1 con los demás actores del sistema internacional[6]. Detrás de ese discurso podría evidenciarse el hecho de que con un Brasil con mayor peso internacional, la asimetría existente entre los dos países aumentaría de forma desfavorable para Argentina.
Esta asimetría es aún más notoria en el campo de lo económico, a pesar del espíritu comercialista en el que fue pensado Mercosur, en la cual entre otras cosas, se mantiene el principio de hacerle frente a la globalización es por medio de un bloque regional. La situación es gravosa para Argentina al depender de Brasil, dado que entre el 30 y el 40% de sus exportaciones van hacia el país carioca[7]. Y a pesar de ser ambos los países más grandes e influyentes dentro de Mercosur, al ser Brasil la octava economía del mundo, este país representaba un 70% del PIB de Mercosur para el año 2008, mientras Argentina apenas un 27%[8]. La rivalidad entre los dos países se ha manifestado principalmente en las áreas de trigo, sector automotriz, siderurgia, y el azúcar, en las cuales ambos países han tratado de proteger su propia industria y poner un freno a la del país vecino[9].
Desde un principio Mercosur ha presentado varios problemas para su consolidación, la mayoría de estos se deben más a la persecución de los intereses propios de los países al aplicar medidas proteccionistas, a pesar de tratarse en el papel de una zona de “libre comercio”. El primero de estos choques se dio en 1999 cuando el Presidente Cardoso de Brasil decretó la libre flotación del real haciendo que este sufriera una fuerte devaluación, resultando en importaciones baratas para los empresarios brasileros, pero costosas para los argentinos. El Presidente Argentino Carlos Menem sugirió la implantación de una moneda única con tal de evitar tales desbalances, pero al estar el peso argentino en esa época amarrado al dólar, tal sugerencia no fue recibida con beneplácito por parte del gobierno brasilero forzando a Menem a aplicar salvaguardas para su economía. Tal problema se resolvió con la remoción de tales salvaguardas y algunos de los subsidios por parte del Estado Brasilero a su industria, a la vez haciendo que todos los miembros adoptaran el modelo de moneda flotante[10].
Paralelamente se dio la crisis económica argentina, la cual le costó la presidencia a De la Rúa, haciendo que los demás miembros de Mercosur buscaran otros socios comerciales dándole un estatus de paria a Argentina dentro del grupo. Ante la renuencia de Estados Unidos de dar un salvavidas al país austral, los demás países de Mercosur intercedieron ante las instituciones financieras internacionales para ayudar a Argentina[11]. Incluso en este mismo instante existe una relación tensa entre los dos países en el campo comercial, al aplicar Argentina mayores restricciones a la entrada de mercancías brasileras, particularmente calzado y productos automotrices (específicamente partes para reparaciones)[12].
El hecho de que Brasil no hiciera una mayor intervención económica durante la caída economía argentina, puede llevar a la conclusión de que éste país le faltó visión o valor para asumir tal riesgo, que de tener un resultado positivo, hubiese reafirmado su peso como potencia en la región al mantener a la Argentina en una dependencia aún mayor. Claro que por otra parte, también podría pensarse que Brasil no tomó tal determinación porque podría quedar mal ante la sociedad internacional, cosa inconveniente al no tener su posición de potencia periférica del todo asegurada; y por ende mostrando su preferencia por ampliar su influencia bajo políticas de más largo plazo, tal como lo ha venido haciendo desde tiempo atrás y que parecen darle buenos réditos.
Por su parte Argentina parece que ve cada vez más lejana la posibilidad de establecerse ella como potencia regional, al haber preferido políticas que la ponen a la sombra de alguna potencia mayor, y no mostrar ya una política exterior de mayor proyección. Sumado a esto, las recurrentes crisis económicas hacen que Argentina cada vez más tenga menos posibilidades de ejercer presiones reales a sus pares a la vez que aumenta su dependencia económica hacia un país más fuerte, en este caso Brasil.



[1] En el cual los estados que comercian entre sí no entrarán en guerra.
[2] BRIEGER, Pedro (2010): “La política exterior de la era Kirchner”. En: QUIROGA, Yesco, FRANÇA, Cassio (Organizadores): Consenso progresista: Política exterior de los gobiernos del cono sur. Divergencias y desafíos (pp. 35 – 61). Sao Paulo, Fundación Friedrich Ebert. Pág: 44.
[3]BERNAL-MEZA, Raúl (2008): “Argentina y Brasil en la Política Internacional: regionalismo y Mercosur (estrategias, cooperación y factores de tensión”. En: Revista brasilera de política internacional 51 (2), http://www.scielo.br/pdf/rbpi/v51n2/v51n2a10.pdf,  pp. 154-178. Recuperado el 22 de Mayo de 2011. Pág. 159-160
[4] POMAR, Valter (2010): “A política externa do Brasil”. En: QUIROGA, Yesco, FRANÇA, Cassio (Organizadores): Consenso progresista: Política exterior de los gobiernos del cono sur. Divergencias y desafíos (63 – 95). Sao Paulo, Fundación Friedrich Ebert. Pág. 79 – 81.
[5] FRANK, Andre Gunder (2005 [1966]). “El desarrollo del subdesarrollo”. En: El nuevo rostro del capitalismo. Monthly review selections en castellano No. 4. Pp. 144 – 157. Pág. 152.
[6] Op.cit. Pág. 166.
[7] Ibíd. Pág. 165.
[8] SPRAGUE, Daniel (2008): “Argentina y el Mercosur: una relación compleja”. En: http://www.gettysburg.edu/dotAsset/1781271.pdf Recuperado el 22 de Mayo de 2011. Pág. 6.
[9] MACHIANANDIARENA DE DEVOTO, Leonor (2006): Historia del Mercosur: desde su fundación hasta el año 2000. Buenos Aires, Libros del CEIEG. Pág. 71 – 90.
[10] Ibíd. Pág 135 - 150.
[11] Op.cit. Pág. 5.
[12]Director1 (2011): “Guerra comercial entre Argentina y Brasil ahonda la parálisis de Mercosur”. En: Infocifras, http://cifrasonline.com.ve/informecifras/?p=109705 Recuperado el 22 de Mayo de 2011.

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