Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

viernes, 3 de junio de 2011

Sobre el debate de la legalización.

Desde ayer estoy viendo en el diario El Tiempo varios artículos sobre el enésimo llamado de los ex presidentes César Gaviria de Colombia, Ernesto Zedillo de México y Fernando Cardoso de Brasil en pro de la legalización de las drogas, y el fracaso de 40 años de lucha antidroga. Por supuesto se han oído todo tipo de reacciones, en particular aquellas cargadas de altas dosis de moralina, pero poco se ve u oye de las posibles consecuencias que tendría tal legalización.

En primer lugar reitero mi posición a favor de legalizar las drogas por varios motivos: 1) siendo legales habría mayor facilidad para su control en todos los sentidos, como se hace con otras sustancias perniciosas como el alcohol y el tabaco, 2) se cortaría con el ingreso de varias de las organizaciones criminales, en especial los grupos armados ilegales, 3) también se quitaría ese embrujo del “fruto prohibido”, que como bien me comentó un holandés: “en mi país logramos volverlas aburridas”, y 4) sería hipócrita de mi parte dado mi pasado conflictivo el unirme a la causa de la moralina.

Pero ojalá todo fuese así de sencillo, y se tratara simplemente de derogar unas leyes y hacer borrón y cuenta nueva. El caso de la lucha antidroga es un claro ejemplo de lo que sucede cuando existe una mala intervención del Estado, luego es difícil reparar los daños. De haberse tratado el problema en sus inicios como un problema de salud similar al tabaquismo y al alcoholismo posiblemente no hubiese escalado como lo hizo, probablemente no se crearon las redes criminales que posteriormente se dieron, y se hubiese esperado que con la época de la prohibición y los gangsters se hubiese aprendido, pero no. Ahora el daño está hecho y echarlo para atrás va a ser difícil, porque si bien se le corta un fuerte ingreso a las redes criminales, éstas ya han demostrado una impresionante capacidad de adaptación, y es muy posible que pongan sus miras en otra actividad ilegal de alto ingreso.

Por otra parte, concuerdo con la declaración del Presidente Santos, esta es una decisión que debe tomarse a nivel global, o por lo menos a nivel regional. De nada sirve legalizar si en los países circundantes sigue siendo ilegal, no sólo se trasladaría la criminalidad a los vecinos, sino que sucedería lo que pasa en sitios fronterizos de Holanda tales como Maastricht, donde reciben un fuerte influjo de inmigrantes que llegan sólo a consumir y se tornan en una carga social. Es precisamente este argumento de la carga social lo que algunos argumentan en contra del trato del consumo como problema social, al considerar que el tratamiento de drogadictos colapsaría el sistema de salud; para ello tengo dos respuestas: he ahí uno de los motivos de por qué la salud no puede ser un servicio del todo público, y recordar que toda libertad lleva consigo una responsabilidad.

Por consiguiente, y entrando en materia cultural, no sólo se debe atacar la creciente idea de que se deben garantizar derechos sin deberes, sino hay otro aspecto a considerar. Me llamó la atención la aseveración del investigador Francisco Thoumi, en que antes debe aceptarse socialmente al drogadicto como alguien con problemas y no como un criminal, y eso no parte de las sosas, ingenuas y ridículas campañas estatales, sino de la sociedad misma. Aquí sí que podemos hablar de doble moral e hipocresía, es impresionante como en Colombia sólo se es socialmente aceptado si se toma alcohol, aquellos que nos rehusamos somos vistos con malos ojos, e incluso he visto como padres les dan trago a sus hijos para volverlos “varones”. Lo más jodido del asunto es que por ley, las únicas que pueden producir licor son las empresas públicas, y obviamente el Estado no suelta esos monopolios por los altos réditos que le genera (otra buena razón por la cual no me tomo un aguardiente). Entonces es aceptable ser una sociedad de borrachines, mientras los drogadictos son criminales, curioso.

Más que plantear respuestas, espero haber planteado más interrogantes. Claramente aquí hay un problema cuya solución aceptada, y con todo el esfuerzo que se le ha metido, no está generando los resultados esperados. Pero una conclusión que tomo es que parte del problema es el esperar solucionarlo de forma sencilla, y no contemplar lo que pueda pasar a corto, mediano y largo plazo. No es un tema sencillo, aún quedan muchos tabúes por superar, pero así mismo, toca trabajar en pro de la(s) solución(es), y no esperar a que buenamente alguien se ilumine.

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