Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

miércoles, 22 de junio de 2011

Precios y soluciones por las nubes

Cuando empecé a independizarme una de las primeras cosas que hice como preadolescente fue montar en bus. En esa época un bus costaba entre 150 y 300 pesos, hoy en día está entre 1300 y 1400 pesos, y un pasaje de Transmilenio cuesta 1700 pesos. Incluso teniendo en cuenta los problemas inflacionarios en el pasado fin de siglo, es de notar que el precio de la gasolina es bastante alto, llegando a ser más costosa que en lagunas ciudades del mundo industrializado.

Por ello no sorprende que haya un fuerte descontento ante estos precios, y un intenso debate por los mismos. En la entrevista del lunes pasado al Presidente Santos, la cual muy a su estilo fue ambivalente y de “centro”, comentó brevemente el tema del combustible defendiendo que los altos impuestos sobre éste son justos al ser de los más regresivos y permiten mayores subsidios, y que la iniciativa que se opone a esto es impulsada por populistas. Tal iniciativa es la recolección de firmas a favor de un referendo que buscaría fijar el precio de la gasolina, en cabeza del senador liberal Luís Fernando Velasco.

En principio, se pensaría que es una buena idea el apoyar la propuesta del Senador Velasco, donde expone claramente cuanto está fijado y cuanto se tasa. Tiene razón el congresista al afirmar que no son los ricos los únicos que pagan gasolina, de hecho, la economía se mueve gracias al sistema de transporte, y así este sea una mafia como en nuestro caso (lo cual trae otros problemas), mucha de la gente que depende de este sistema no es precisamente la más potentada. Hace bien el Senador Velasco en señalar que al final terminamos los consumidores pagando todas las sobrecargas en el producto final, como también el hecho de que la gasolina que se produce en el país nos la cobren como si fuera importada.

Donde yerra el congresista rojo, y por eso se gana el mote de populista, es en intentar empujar su posición desde un referendo. Sí, el referendo es un medio democrático contemplado por nuestra Constitución, pero el que sea democrático no quiere decir que sea de facto bueno, es más, creería yo que con el pasado referendo reeleccionista quedó claro lo peligroso que puede ser pasar leyes de primerazo sin un debate previo, pero por lo visto nos vamos en esa espiral en descenso (este tema da para más, y me encargaré de él en otra entrada). Si todo el asunto es lograr un debate en el Congreso ¿por qué no pasa el proyecto de ley directamente? ¿Por qué acudir a las pasiones del “pueblo”?

Y acá llego al segundo yerro, y este sí es general. La propuesta indicada no habla de recortar impuestos, sólo de fijar un nuevo precio vía estatal. Pues de razón los precios están distorsionados si son fijados por el Estado, además a una medida internacional, y de repeso les clavan cualquier cantidad de impuestos. Hay una industria nacional que puede y debe competir en su propio terreno y hacer respetar su casa, incluso si se tumbaran todas las barreras Ecopetrol tiene cierta ventaja al no tener que pagar por tanto transporte como sus rivales, y siendo más realistas, de por sí ya existen protecciones como tarifas de entrada y demás.

Pero claro, se da el caso del burro hablando de orejas, y ambos caen en el discurso que busca verse como un redentor del “pueblo”, tanto en los alegatos de Santos a favor de los impuestos como en la entrevista radial que tiene Velasco en su página, donde se mira con malos ojos que el dinero llegue a manos privadas. Pues insisto, a Ecopetrol le iría muy bien haciendo respetar su casa en una verdadera competitividad, en vez de estar pagando manutenciones astronómicas a sus sindicatos, y recogiendo un dinero para una supuesta inversión social que no se ve. Entre ambos discursos no se sabe si es peor el remedio o la enfermedad.

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