Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

martes, 28 de junio de 2011

No más democracia

De una vez advierto que existe una buena probabilidad de que este artículo se ponga denso y sea difícil de seguir, por lo tanto pido a mis lectores paciencia en su lectura y que ojalá puedan seguirme. En este artículo retomo otro que escribí hace más de un año, y me baso además en los libros “The Future of Freedom” de Fareed Zakaria e “Ingeniería Constitucional Comparada” de Giovanni Sartori. Ahora que festejamos y nos abrazamos por los 20 años de nuestra actual constitución política, la más democrática, justa y social, es necesario preguntarse si se justifica tanta celebración; porque viéndola con cierto detenimiento, nuestra Carta Magna más bien ejemplifica lo perjudicial de los valores post-modernos.

Empecemos porque algo que no hemos logrado, no sólo en Colombia, sino en gran parte de la región, es mantener una Constitución estable y tal vez ese sea el principal motivo de la celebración. Una Constitución debe ser un punto de referencia para todo Estado que aspire a ser un Estado de Derecho (donde gobiernan las leyes y no el arbitrio de una o varias personas), más aún en nuestro caso donde no existe una figura o institución histórica como en los estados europeos que nos sirva de referente. Por lo tanto habla muy mal el hecho en que ya vayamos por la Constitución número 13, y que además todas nuestras Constituciones estén sujetas a la ideología imperante de turno.

Porque es ahí donde ha radicado el principal error en muchas de nuestras Constituciones es el creencia que tienen aquellos quienes las redactaron consideran que dichos documentos son las verdades últimas y eso es un craso error. El resultado de esto ha sido en el mejor de los casos un compendio de buenas intenciones, y en el peor de éstos un aglutinamiento de trabas y medidas contradictorias que han contribuido al estancamiento general. Analizando las dos partes de una Constitución: orgánica (organización del Estado) y dogmática (derechos), es de notar que el requerimiento en la primera es lograr unas instituciones que logren ser sólidas y eficientes, a la vez que logren mantener sus justas proporciones y no se dé un desbalance de poder, todo esto enmarcado en lo que se ajuste mejor a la sociedad en cuestión (puede verse que no es tarea fácil).

En cuanto a la segunda, es ahí donde vemos el mayor problema siendo que cada vez vemos como las listas de derechos aumentan y aumentan. Esto se debe al cambio de percepción sobre lo que son la libertad y los derechos, porque ahora se habla de libertad negativa y positiva, siendo la primera lo que no se prohíbe y la segunda la capacidad de hacer. Y claro, como hoy en día se habla de ser más “democrático”, término que parece ser casi sinónimo con “equitativo”, entonces se busca igualar lo más posible esa “capacidad de hacer”, así no esté claro como se logrará y cuáles condiciones entran y cuáles no. Claro, es que para estas mentes “libertarias” las palabras “prohibición” y “no” por supuesto tiene una connotación inequívocamente negativa, lo que no se dan cuenta es que en esas declaraciones “negativas” al que se le niega capacidad de acción ¡es al Estado! Es la forma de proteger a los individuos de los excesos de poder que pueden darse, no lo que el Estado debe hacer por los individuos. Insisto, darle más responsabilidades es darle más poder, y contener eso puede llegar a ser muy difícil después de un rato.

Ahora en nombre de esa “democracia” tenemos circunscripciones especiales basadas en una discriminación afirmativa (pero discriminación al fin y al cabo), una sarta de derechos que no se ven porque son difíciles de cumplir, y un montón de normas que se podrían establecer desde la legislación ordinaria como el manejo económico o la enseñanza de ciertas materias en las escuelas. Concedido, dado el manejo heredado del Imperio Español en su peor época, se estila mucho una sociedad casi de castas sin mérito alguno, y se ha tendido a la exclusión. Pero los resultados de llevar las cosas casi al extremo contrario no han sido tan satisfactorios como se esperaría. De hecho, se ha demostrado en la práctica que la participación por la participación no es algo benéfico porque todos los individuos y los grupos sociales querrán jalar para su lado, y el haber ganado ciertos beneficios por encima y a costa de los demás los instará (y lo hace) a seguir propendiendo por ello.

Un claro caso fue el referendo reeleccionista. Muchos alaban las figuras del referendo y los demás mecanismos de participación, pero no se está teniendo en cuenta que una legislación, y peor aún, una Constitución construidas a base de referendos puede llegar a ser una buena receta para el estancamiento y la inamovilidad. Seguro, los que respaldan estos mecanismos porque ven que están logrando pasar sus ideales sin mayores trabas los defenderán a capa y espada, pero ¿qué pasara cuando el referendo sea usado con ideales contrarios? ¿Qué tal si elevan a estatus de derecho el aborto vía referendo? ¿O que prohíban la existencia de sindicatos?

Todo es posible con una mayoría. Creo que estamos de acuerdo en que ciertas normas, ciertos deberes y ciertos derechos merecen un debate más amplio y sesudo, y no un simple arranque emocional a favor de una medida. (Admito que hace poco apoyé el referendo de la cadena perpetua, pero aunque sigo apoyando esa medida, el medio para lograrla ya no me parece el adecuado).

La invitación no es tanto a frenar en corto la participación ciudadana sino saber ponerle sus justas medidas, al igual que todo aquello que sea fuente de algún poder. La democracia nos puede llevar a la tiranía de las mayorías, o por lo menos a la fábula de los dos burros para no ser tan dramáticos. Nuestro punto de referencia no puede ser un compendio de buenas intenciones y normas contradictorias, en sí, debería ser algo corto y concreto y ojalá lo más neutral posible para desde ese cimiento poder construir y tener suficiente margen de acción por lado y lado. En definitiva, no me gustaría que todo aquello que pueda afectarnos sea decidido por unos pocos enquistados eternamente en el poder, como tampoco de las opiniones “iluminadas” que comentan las noticias por internet. Todo tiene su justa proporción.

4 comentarios:

  1. Tú y yo tenemos muchísimas diferencias políticas! Eso es claro, pero debo decir que esta vez tenemos un punto en común. Lo que yo no logro entender es cómo hacen tantas cosas que son "buenas" para el Estado, y hacen creer que el pueblo tiene esa voz y ese poder de modificación, si en unas simple elecciones sólo hay fraude y corrupción, sólo suben los que realmente tienen cómo mover las fichas del tablero para llegar arriba, sea como sea y cueste lo que cueste, y luego, después de haber dejado todas esas voces "calladas" (sin mencionar la manipulación que hay también para con el pueblo, es decir, en parte poniendo las necesidades de muchos como cortina para ganar más votos), ahí si convencernos de escoger algo que ellos ya han escogido por nosotros. En resumen, yo no sé si creer en la democracia, o no se si es que es simplemente este modelo de democracia que hemos hecho a nuestra medida, pero así no se puede sacar un país adelante, ni hoy ni nunca. Así que es hora de que la gente se convierta en libre pensadores y entiendan qué es lo que se necesita y tratar de hacer lo mejor para que, como dices tu, sea lo más neutral posible, sin sobrepasar ciertos límites que en realidad nos harían gozar de nuestra libertad en conjunto. Pienso que esta democracia de justicia no tiene nada. Al fin y al cabo, ya está mandado a recoger el discurso de ideologías (y tú te imaginarás que yo no me imaginé decir eso, sabiendo cómo soy de idealista), pero estoy cansada de pelear por saber cuál es mejor, si la derecha o la izquierda y a final de cuentas ya ha sido suficiente, hemos pasado años tras el mismo debate sin tener un verdadero resultado, claro, digo esto respetando ambos lados, todos somos libres de escoger y también de creer que uno es mejor que el otro, pero en este punto ya no es sólo de eso, sino de encontrar el verdadero problema o problemas que nos están afectando a TODOS y mirar a ver, sea uno del lado que sea, cómo vamos a solucionarlo. Ese podría ser al menos un punto de partida. ¿Tú qué opinas?

    ResponderEliminar
  2. No comparto la idea central de este post, que es como que el engendro de Pablo es obra de idealistas opuestos a las grandes desigualdades tradicionales. A mí me parece exactamente lo contrario: todas las generosidades de ese texto son pura palabrería tras la que se oculta la exclusión, la concentración de poder en la autoridad (que mediante la acción de tutela puede ponerse más allá de la ley) y la promoción de "derechos" que otorga el Estado (abstracción conveniente) a los ciudadanos (descritos como todos) cuando es exactamente al revés: todos (a través de la maquinaria estatal) pagan bienes a los dueños del Estado (los funcionarios y grupos de poder).

    Anoche tuve una discusión sobre el caso de un señor negro al que no dejan entrar a Martínez y Martínez (creo que es el nombre). Todo el mundo se escandaliza de que diga que un bar es una propiedad privada porque todos creen que el bar tiene que dejar entrar a negros, cosa que sobre todo mueve a los que no entrarían jamás a un bar en el que vean negros. Es un atavismo contra la propiedad, y en un colombiano se detecta a todas horas: si sacan a un columnista de un periódico, todos dicen que se está violando la libertad de expresión, como si no se restringiera en el momento de escoger a ese columnista. El periódico es propiedad de todos y esa suposición ridícula conviene al dueño, que oculta su interés particular y manipula con ventaja al público.

    Copio un trino con el que intenté explicar eso:

    El núcleo de la falacia estatista es que lo del otro es tuyo. Así, el amo te convierte en su agente y no ves que se adueña de lo tuyo.

    Toda la retórica socialista e "izquierdista" es puro maquillaje de la vieja dominación. Lo expliqué en este post: La izquierda colombiana es un grupo étnico.

    ResponderEliminar
  3. Jaime Ruíz:

    Creo que no me hice entender bien entonces, yo no estoy para nada a favor de la actual Constitución. Porque como expuse, por donde se le mire no es más que un esperpento de buenas intenciones, o bien como usted dice, es una fachada para ocultar y arraigar aún más los líos que vienen desde hace más de 200 años.

    Si los ataco como idealistas, es porque sí creo que además de la mano negra de Escobar en ese documento, actuaron esos "grandes ideales" que son ciegos ante la realidad, y que de hecho eso fue, y es aún, lo que hace que muchos lo vendan como el gran logro (que no es) como El Tiempo y asociados, y muchos otros se lo traguen, precisamente debido a que a muchos les gusta que les vendan cuentos de hadas.

    Si los tildo de idealistas es porque eso no es un halago dentro de este blog, al contrario, es el término que tengo para reducir lo que Carvalho llama "mentalidad revolucionaria", que admito omití incluir en el post de hoy, y que esta Constitución es un buena muestra en la realidad de los gravosos efectos de tal mentalidad.

    Sobre el segundo párrafo no digo nada porque estoy totalmente de acuerdo.

    De hecho es por eso que hago un llamado a un freno, y estoy de acuerdo con los columnistas de Atrabilioso en que necesitamos un cambio constitucional, y doy un paso más al proponer el tipo de Constitución que consideraría adecuada.

    Gracias por el aporte, y bienvenido a este blog.

    ResponderEliminar
  4. Anna Caro:

    El problema Anna es que poner a todos de acuerdo es algo complicado, por eso se requiere de pocas reglas y precisas. Como bien lo menciona el otro comentario, por hacer más terminaron haciendo menos y esto ayudó aún más a las fuerzas oscuras. El lío es que muchas veces pareciese que toca dar ctrl+alt+supr y empezar de ceros, pero eso tampoco es una opción.

    También como podrás notar, las expectativas que se le tiene a la invención del Estado son altísimas, a pesar de todas las muestras de su incapacidad, por lo tanto parte del freno es pelear más por hacer nuestra propia vida que seguir esperando dádivas que a la larga lo que logran es fortalecer a aquellos que detentan el poder.

    ResponderEliminar