Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

lunes, 13 de junio de 2011

Los tigres y el dragón

En la agenda global actual se observa con beneplácito, temor o simplemente como un hecho desapasionado el ascenso que ha tenido China en las últimas décadas. Muchos ya la ven como el posible rival que le hace falta a Estados Unidos y como la próxima potencia económica mundial, la mayor parte de las veces parecen estar influenciados por la aparente hegemonía americana actual, y pensar que el ascenso de una potencia necesariamente significa el declive de la otra. No sólo eso, sino a veces pareciese que se piensa que China ya la tiene ganada, y pueda que esto no sea del todo cierto.

Es bien sabido, y la historia lo respalda, que además de poderío militar, territorio, riquezas, población, tecnología y otros aspectos, toda potencia requiere de una esfera de influencia para poder ejercer como tal. En el mundo de la globalización (cliché que no me agrada, pero me parece mejor que “post-guerra fría”) cada vez parece más claro el hecho de que tales esferas de influencia se dan bajo el telón de la “cooperación”, y por lo tanto las esferas de influencia ya no se dan tanto con presencia militar sino pisando duro dentro de una organización internacional, y algo que ha mostrado China es una fuerte reticencia a ser parte de dichas organizaciones, mucha más en cuanto a dirigirlas.

Esto no es del todo sorprendente, históricamente China ha sido una cultura ensimismada, haciendo del filme “El Último Emperador” una interesante metáfora. Además de eso, de los tres bloques que parecen mandar la parada en esta época (Estados Unidos, Europa y Asia-Pacífico), China se encuentra en aquel donde todavía no hay un liderazgo claro, y además la competencia entre las potencias regionales, e incluso entre los países como tal, esta delineada por fuertes resentimientos debidos a afrentas pasadas, invasiones históricas y fronteras aún borrosas. Por lo tanto un gran obstáculo para el ascenso chino es su propio patio trasero, que además ha decidido unirse en bloque en la forma de la ASEAN.

Una muestra de ello es el actual conflicto entre China y Vietnam por un territorio en disputa entre varios países en el Mar de China Meridional, donde Vietnam ha realizado recientemente ejercicios militares que Hanói califica de “rutinarios”, a pesar de claramente ser una enseñada de dientes. Fuera de eso, Vietnam ha llamado a un arbitraje internacional aunque sin dar nombres precisos, y ya la ASEAN ha resuelto actuar en bloque por una solución multilateral del conflicto territorial que también incluye a otros dos de sus miembros: Indonesia y Filipinas. Esta jugada también ha logrado molestar a las autoridades chinas, al preferir éstas lidiar uno a uno con los demás países y no con organizaciones internacionales.

Pero por otro lado, estas bravatas le pueden costar caro a los vietnamitas, no sólo debido al mayor poderío militar chino sino también a que la ASEAN no es un bloque del todo compacto. Dentro de esta organización, Camboya que es uno de sus miembros más débiles, depende enormemente de China y no ha tenido problemas para incentivar la rivalidad entre ésta y Vietnam. Como todo en este tipo de situaciones, estas acciones van en más de una sola dirección, no sólo Camboya se beneficia económicamente de la competencia entre las dos industrias, sino que China gana influencia dentro de dicha organización, y es posible que demuestre su también histórica astucia y empiece a inclinar la balanza hacia su favor, hasta que la ASEAN quede o bien a su merced o bien sin mucha fuerza real de contrapeso. También por otra parte, China pueda que no juegue inteligentemente sus cartas y quede simplemente como el niño matón del barrio.

Ahora, no soy un experto en estudios asiáticos, pero claramente está demostrado acá que la competencia entre países está viva y más vigente que nunca. El que China se encuentre sin una zona de influencia fuerte en estos instantes no quiere decir que no logre transformarse en una potencia mundial, simplemente que tal objetivo tiene muchos matices de los que se piensa. Pero China tampoco tiene una actitud pasiva, y pueda que esa apariencia pragmática y conciliadora no sea más que una estrategia para consolidar su peso de un modo distinto a aquellos que estamos acostumbrados a ver.

(nueva sección en contados días)

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