Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

miércoles, 8 de junio de 2011

¿Ahora que nos depara el sistema de salud?

Y así no más de refilón nos ha comentado el Presidente Santos que se “acabó la guachafita” en nuestro sistema de salud, y que también van a ser pocas las EPS que conservará el Estado. Muchos tal vez se alegrarán por estos anuncios, pensando que así van a tener la tan anhelada salud estatal consagrada en el Artículo 49 de nuestra esperpéntica Constitución, que igual quedó inutilizado por la misma Corte Constitucional dos años después de redactado. En realidad, aquí nos acercamos más a la economía de mafias y contubernios que se ha vuelto una triste tradición en nuestro país.

Acá más que un beneficio para los usuarios se está dando de frente la consolidación de un oligopolio. Se cree erróneamente que fue el libre mercado y la privatización fueron los que destrozaron el sistema de salud, pero sé que puede tener de libre y de privado si por obligación debemos pagar un servicio queramos o no. A sabiendas que a las buenas o a las malas uno se ve obligado a lidiar con ellas, las empresas de salud no se preocupan por prestar un buen servicio al tener una clientela asegurada; ahora que su número se reduce, en vez de esperar hora y media por un pinche recibo, tendremos que esperar tres o más. Imagínense si uno necesita de algo más urgente. Desfalcos como el de Saludcoop ocurren precisamente porque el dinero no les duele, saben que por ley lo van a recibir ¿entonces por qué preocuparse?

Por supuesto buena parte de la población considera que la mejor opción sería que todos los servicios de salud estuviesen a cargo del Estado y volvemos a pretender que aquello que acusamos de corrupto se encargue de nosotros, o incluso parecen añorar el anterior sistema. Primero, con un solo ente encargado de la salud la ineficiencia ya sería pasmosa, y al ser público la burocracia sería pasmosa. Segundo, quitando los problemas de corrupción e ineficiencia burocrática ¿quién lo pagaría? Como bien lo dice la sentencia referenciada, el Estado Colombiano no tiene con qué pagar un sistema de salud universal, y si ustedes se fijan bien (y en esto voy a intentar llegar a un punto medio), los países que tienen fama de poseer un buen sistema de salud público lo logran porque dejan fluir otros aspectos de su economía, cosa que acá no hacemos.

Volviendo a nuestro caso, lo que no queda claro en la declaración del presidente, además de que empresas se van a quedar con la marrana, es como se va a borrar la diferencia entre régimen contributivo y régimen subsidiado. Porque atención, la tremebunda Ley 100 de 1993 no va a ser derogada, probablemente con esto ahora a todos se les obligará a pagar siquiera un pequeño monto a estas empresas, porque no creo que se nos subsidie a todos la salud por las razones que acabo de aducir. Precisamente, la intervención de Estado por la que tanto alegan unos, resulta beneficiando a aquellos cercanos a éste, y no la supuesta equidad y solidaridad que se supone dicha intervención trae, de hecho, mata cualquier iniciativa de solidaridad y de equidad por parte de la sociedad civil.

Estoy empezando a considerar que una de las razones de por las cuales esperamos endilgarle al Estado nuestras responsabilidades, tales como el cuidado de nuestra propia salud, es que no hemos podido superar nuestra mentalidad de “vecino” heredada del antiguo Imperio Español. El vecino contaba con ciertos privilegios y respondía a una estructura de jerarquías, lo cual parece explicar porque aún hoy en día buscamos derechos que no conlleven obligaciones, y nuestro imperante clasismo. Por eso pareciese que no nos importa que se beneficien ciertos estamentos mientras estos se encarguen de zafarnos de nuestras responsabilidades, incluso aquellas que nos competen de forma directa, y porque nuestras expectativas hacia las capacidades del Estado son tan altas. O que incluso se añore el régimen anterior de salud, el cual una canción subterránea comparaba a sus sobrevivientes con los de un holocausto nuclear, pero no importa, gran parte del costo no lo “asumíamos” (o eso creen).

Como bien lo retratan las pasadas declaraciones, por querer satisfacer estas demandas los encargados del Estado resultan utilizando medidas más represivas, más dañinas, que lo que se lograría si los individuos usaran un poco su cerebro y se pusieran de acuerdo entre sí.  Más que ser un alivio, las declaraciones de Santos son más peligrosas de lo que pueda suponerse, el que haya menos empresas y todavía sea obligatorio ser cliente de estas sólo va a empeorar las cosas no a mejorarlas. Esa idea de que podemos delegar nuestras responsabilidades eventualmente nos estallará en la cara, si no lo hizo ya.

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