Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

sábado, 28 de mayo de 2011

Verde que te quiero verde

“Yo soy como el chile verde, Llorona,
Picudo pero sabroso.”

Jamás me hubiese imaginado yo que las intrigas de las pasadas elecciones presidenciales serían más interesantes después de realizadas que dentro de la misma contienda. Harto se ha hablado de cómo Santos dio una voltereta e impuso su propia agenda haciendo a un lado al uribismo, agenda que lo ha llevado ya a un abierto enfrentamiento con Uribe, y que varios de sus antiguos opositores declaren ahora que hubiesen votado por él de haberla conocido desde un principio (lo que es no leer los programas de campaña). Pero ahora son los dramas verdes que han surgido a raíz de las próximas elecciones regionales los que están para alquilar palco. Y ni siquiera regionales, bogotanas, pero miremos más de cerca.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que las pasadas elecciones no se dio una pelea de fondo sino de forma, o de estilo si lo prefieren. A pesar de haber salido de dientes para fuera de nuestro histórico bipartidismo, aún es notoria la tendencia centrípeta de nuestras elecciones, y más bien yo diría que son diestro-centrípetas, porque a la izquierda consolidada como tal (afortunadamente) no logra levantar mayores emociones y votaciones. Las diferencias de los programas entre Santos y Mockus eran mínimas, de hecho Mockus podía ser en algunos aspectos más neoliberal, pero el motivo real de la popularidad de éste estriba en el hecho que propone una política alternativa más ligada a un estilo académico y en teoría más prístino y diáfano que la política tradicional.

Por eso es que se dio el fenómeno de la Ola Verde fue un fenómeno virtual casi en su totalidad, al estar el internet local ampliamente dominado por las élites intelectuales citadinas (de las cuales obviamente provengo), pero en la realidad vimos como incluso en las ciudades la victoria fue de Santos. La razón por la cual Mockus ganó en el Putumayo fue debido a que esos votos no iban a favor suyo sino contra Santos; recordemos que desde ese departamento se dio el ataque al campamento de Raúl Reyes, y fue ahí donde se dio el desmonte duro de las pirámides, razones por las cuales el uribismo no es muy querido por allá.

Claro, el que no aceptaran los reembolsos de la campaña fue emblemático y diciente para aquellos que gustan de la política “alternativa”, formando así en su imaginario al uribismo como el emblema de su tan odiado “todo vale” y a Mockus como el paladín de lo que es recto y correcto. Que importa si los verdes se gastaron dinero del erario en una consulta innecesaria, en la cual Mockus estaba aliado con uno de sus antiguos rivales por la alcaldía, así como alguna vez dejó botada la alcaldía para hacer campaña junto a (¡oh Dios mío!) Noemí Sanín porque en esa época era ella quien representaba a la susodicha política alternativa.

Por eso ante la acusación de hipocresía al aliarse Peñalosa con el uribismo también le cabe al Profesor Chiflado. Obviamente se distanció de la efigie que combatió durante su campaña presidencial, y ahí no radica su hipocresía, radica en el hecho en que él también ha hecho alianzas “non-sanctas” con tal de asegurarse un puesto en el poder, en que sus posturas son lo suficientemente flexibles para permitírselo, y su vocación de político tiene el mismo componente megalomaniaco de los demás políticos (es que no puede ser de otro modo). Pueda que Mockus le esté apuntando con sus desplantes a generar cierta disciplina de partido lo cual es loable y necesario en más de una de estas entidades, pero él mismo admite que se trata de un acumulado, y los verdes al igual que los demás partidos no son más que una suma de partes en la cual cada una jala para su lado y se desentiende del partido a conveniencia.

Además con la grave situación de que más allá de John Sudarsky y Ángela María Robledo los verdes no cuentan con personalidades originales, al ser el resto de ellos los independientes que por la ley de cuotas vuelan al partido que mejor les convenga o miran como seguir por su cuenta como ya lo hace Juan Carlos Flórez. Fuera de eso, su presencia más allá de Bogotá no está del todo asegurada, y el mismo Sergio Fajardo ha acusado al partido de sólo concentrarse en la capital.

Y si hablamos de alianzas “non-sanctas” ya se oyen voces de una alianza Mockus-Petro, que si bien no ha salido por boca de los implicados, ya los líderes de la élite mamerta dicen que esta podría ser una dupla muy positiva para la ciudad. Obviamente esta alianza se haría al margen del Polo y el Partido Verde, porque de seguro van a venderse como la “independencia” y la “alternativa” para poder recoger esas banderas que tanto gustan en la ciudad, además de la mogolla y leche propia de los polistas para ganar los votos de los barrios populares. Táctica de por sí que le fue muy útil al buen Sammy para llegar al puesto de burgomaestre.

De todos modos hay que ver que pase con Peñalosa, si al ganar estas elecciones hace que despegue el Partido Verde, o si finalmente se lo traga la U y será un bonito recuerdo de unas buenas intenciones. Por otro lado todos se han dejado ganar la partida en la consecución de las banderas “alternativas” por Gina Parody, quien desde hace un buen rato anda haciendo bulla con este tipo de discurso. Lo curioso con ella es que va a ser la primera “indie” en haber salido de un campo netamente uribista, con lo cual me atrevo a decir que para bien o para mal, estamos viendo el inicio de una nueva tradición política en nuestro país.

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