Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

domingo, 10 de abril de 2011

Populismo vs. Tecnocracia

Ayer se conmemoraron 63 años del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, hecho que produjo el bogotazo, y aún a pesar de la mayoría de los que vivieron esa época ya han fallecido, aún se piensa que las cosas hubiesen distintas de haber llegado a la presidencia este personaje. El que se piense que cierta persona inmolada fue el presidente que le faltó a nuestro país no es dolencia propia del gaitanismo, o del Partido Liberal quien también tiene una figura similar en Luís Carlos Galán. Del lado azul aún se considera una lástima que Gilberto Alzate o Álvaro Gómez no hubiesen alcanzado el solio. Ahora bien, volviendo a Gaitán, yo sí creo que el país hubiese cambiado con él en la presidencia, pero para bien, eso es otra cuestión.

Aprovecho entonces esta fecha histórica para centrarme en un debate que va más allá de la cuestión de las ideologías políticas, y que no se toca más allá de los círculos académicos, y es el de las prácticas políticas.  Es probable que el debate no se dé en círculos más amplios debido a que los dos términos que emplearé a continuación suelen confundirse por ideologías políticas, o incluso han llegado a ser considerados insultos por la sencilla razón de que acá en Latinoamérica se han exacerbado sus rasgos más extremos y desagradables, aunque no se traten de fenómenos exclusivos de nuestra región. Me refiero a las prácticas del populismo y la tecnocracia.

Ya que estábamos hablando de Gaitán, empecemos por el populismo. Varias mentes brillantes han tratado el tema, y en particular Alain Touraine hace una buena definición de esta práctica política. Dentro de ésta se ve principalmente la necesidad de integrar a toda la sociedad en una masa, el pueblo, y por lo tanto se busca la integración de todas las clases sociales. Esto en aras de lograr establecer una distancia hacia los demás países, y además un desarrollo económico propio basado en la fuerte inversión social por parte del Estado. Esas formas de integración también están basadas en definir un enemigo común, y en centrarse alrededor de la figura del líder; de ahí a que los discursos manejados dentro del populismo estén cargados una fuerte emocionalidad (“no soy un hombre, soy un pueblo”).

Una variante actual del populismo es el neopopulismo, en el cual la mayor parte de sus características se mantienen, pero en el campo económico adoptan medidas neoliberales, más específicamente aquellas expuestas en el Consenso de Washington. De todos modos, algo que se conserva en ambas versiones es el despilfarro por parte del Estado, justificado como “inversión social”. Así como la versión original del populismo produjo fuertes inflaciones y un estancamiento en la economía, hay que ver como la combinación entre populismo y neoliberalismo también es explosiva, al hacer caso omiso de los principios de austeridad fiscal, causando colapsos como el que se dio en Irlanda hace poco.

Por otra parte, la tecnocracia es tan vieja como los mismos griegos desde que Platón expuso en La República el que la polis ideal debía ser regida por sabios, cosa que a su vez refutó luego Aristóteles preguntando cómo podríamos asegurarnos de quién es sabio y quién no. Ya en la actualidad, la tecnocracia se entiende más como una especie de pragmatismo político en donde los cargos los asumen aquellos que son expertos en los temas a tratar. Así mismo, se propende por buscar la política que funcione por encima de cualquier atavismo ideológico, y consecuentemente los discursos de este tipo de práctica tienden a ser mesurados y evitar cualquier despliegue de emocionalidad o fanfarrea.

Pero es ahí donde está la parte nociva a la que puede incurrir la tecnocracia, el pensar que la toma de decisiones políticas no tiene en lo absoluto una inclinación ideológica, como bien lo demostró el tecnócrata Albert Speer durante el régimen nazi. O como sucedió en la mayoría de dictaduras del cono sur a fines del siglo pasado, sumado al terrible costo humano de aquellos regímenes, el estar desconectados del componente social y aplicar sus medidas sin tenerlo en cuenta causó a la larga más desastres de los ya acontecidos.

Como era de esperarse, dada la alta emocionalidad de nuestra gente, el populismo y sus vertientes han tomado bastante fuerza en Latinoamérica al echar mano del discurso rimbombante, además de mostrarse como la solución salvadora de las masas. Por ello mismo es que la tecnocracia entró acá con tan mal pie, que ya ha sido satanizada. Pero si me preguntan a mí, abogaría más por una tecnocracia dentro de los parámetros de la democracia y consciente de la implicación política de sus acciones, al considerarme yo alguien más bien pragmático, y mi disgusto por las expresiones altisonantes que se basan más en una emotividad rayana en la cursilería. Fuera de eso, considero que es el pragmatismo a lo que debe propender una derecha moderna, ya que a la izquierda le queda difícil dejar su imaginario idealista.

Es por ello que no creo que Gaitán hubiese sido el tan anhelado salvador, de hecho no creo que haya un salvador humano. Probablemente estaríamos como la mayoría de los argentinos quienes desde Perón esperan que todos sus problemas se los resuelva el Estado, y en una miseria moral más que física. También es por ello que a pesar de no estar de acuerdo con algunas de sus políticas al ser liberal, siento cierto fresquito en que tengamos un presidente más bien tecnócrata y que no sigamos en el discurso neopopulista que tuvimos durante 8 años, y era excesivamente pugilista con el populismo clásico que tenemos al lado.

El problema principal es que los políticos que propenden por las prácticas de mi preferencia suelen ser lo que los gringos llaman “boring candidates” (candidatos aburridos), e incluso allá vemos como la gente se deja llevar más por calenturas emocionales y de ahí salen los Obamas, los Bushes junior, y las Palins. Ergo, el trabajo va a ser un poco más complejo para lograr consolidar una política de este tipo, pero hay que ser prácticos, los hechos hablan más que las palabras.

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