Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

viernes, 1 de abril de 2011

Lo que viene sucediendo

Como la mayoría de ustedes saben, Colombia es un país cuya historia está marcada por la prevalencia de sus dos partidos políticos tradicionales, el Conservador y el Liberal. Y en particular durante el siglo XX es de notar que luego de la hegemonía conservadora, la cual finalizó en 1930, la mayoría de presidentes han sido liberales. Es por ello que podría decirse que guardadas proporciones el Partido Liberal Colombiano a ratos recuerda al PRI de México, no tanto por su sujeción del poder a toda costa, pero sí en el hecho de un partido que se vende como de centro-izquierda pero por el cual se han visto todo tipo de políticas.

Desde la Revolución en Marcha de López Pumarejo hasta la apertura económica de César Gaviria, y todo lo que se les pueda ocurrir en medio y a los lados de ambos programas políticos. Así como el represivo régimen de Turbay o el popular gobierno de Lleras Restrepo. Incluso si miro a los únicos presidentes azules que ha habido durante mis casi 30 años de vida, veremos que se trataban de presidentes blandos como Belisario Betancourt, y hasta pusilánimes como Andrés Pastrana. De hecho si miramos los dos anteriores no salimos bien librados.

Es que de repeso, cuando se habló durante la presidencia pasada del “resurgimiento conservador” por el acercamiento de Álvaro Uribe con los godos la gente parecía olvidar que Uribe estuvo 20 años militando en el partido rojo, cosa que recuerda el inicio de la mencionada hegemonía con el liberal Núñez. Es más, la supuesta continuidad de ese gobierno que a cargo de políticos de clara estirpe roja como los son Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras, porque además da la casualidad que por andar bobeando dándoselas de “centro” y “buena gente”, los partidos que en el imaginario local se ven como de derecha, como lo son Cambio Radical y el Partido de la U, son predominantemente disidencias cachiporras.

Como buen colombiano he caído en la trampa de tener los ojos puestos exclusivamente en la figura del presidente. Si bien es difícil identificar figuras prominentes en el legislativo dada su naturaleza, a menos que sea por escándalos, y se supone que el judicial no puede tener una carga política (sí, como no), podríamos ver otras figuras relevantes como los ministros. Ahí también nos quedamos cortos, los únicos nombres de ministros conservadores relevantes que se me vienen a la cabeza en este instante son el actual Ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo, y Noemí Sanín. Con el primero digamos que no tengo mayor pelea, teniendo en cuenta que su calvicie se debe a recuperar los embarradones que recibió del gobierno de Samper.

La segunda fue la famosa Ministra de Comunicaciones que interrumpió la retoma del Palacio de Justicia durante el gobierno de Betancourt, y dentro del ministerio que más me llama la atención por el momento, Relaciones Exteriores, fue pionera en el sentido de ser la primera mujer en ocupar dicho cargo además de lograr importantes avances bajo el gobierno Gaviria, tales como resolver de una vez por todas el lío fronterizo con Jamaica. Pero lo visto en sus campañas presidenciales, en particular la última, su ambigüedad política, lo sucedido en el ministerio anterior, y su estilito rayano en lo imbécil, hace que en general sea un personaje que deja mucho que desear.

Esto no es un lamento, lo escribo más como un llamado de atención. Recién acabo de tener una conversación con uno de mis copartidarios sobre la dirección que debe tomar la derecha en Colombia, y aunque no llegamos a un acuerdo en ciertas cosas, si estamos de acuerdo en que tiene que reformarse para tomar nueva forma. Ambos concordamos en que con los viejos caciques no se va a lograr, y se necesita urgentemente un semillero de ideas y de gente dispuesta a dar un buen cauce a este lado del espectro político, por supuesto dentro de los márgenes de la cultura política occidental. Es eso o asumir que todo estará dominado de una forma u otra por un solo partido.

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