Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

jueves, 10 de marzo de 2011

Hablando de paz

Acabo de llegar de un foro sobre la paz que se llevó a cabo en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, que si bien sólo pude asistir a un debate, con este me llevo suficientes impresiones en un tema tan sensible para nuestro país. Y siendo un tema tan sensible es apenas obvio que sea un tema bastante complejo el cual no tiene soluciones simples y una sola causa; de ser así, hace rato se habría dado con el chiste y se hubiese solucionado. Los ponentes en el debate fueron: Angelika Rettberg, decana de la facultad de ciencias políticas en la Universidad de los Andes; Mauricio Katz, en representación del PNUD, y Virgelina Chará, representante de las negritudes del Cauca.

Por cuestiones del destino tuve la oportunidad de traducir hace poco un documento de Angelika Rettberg, en el cual explica el papel clave que desempeña el sector privado en los diálogos de paz. En tal documento hace un caso comparado entre El Salvador, Guatemala y Colombia, y demuestra como si bien no es un factor que asegure el éxito, el sector privado es un factor fundamental para llevar a cabo unas negociaciones de paz exitosas. Al ser un artículo reciente, su ponencia estuvo muy en línea con éste, mostrando formas de integrar al proceso de paz a dicho sector y los retos que se presentan al hacerlo. Aunque no concuerdo en algunas apreciaciones, he llegado a respetar mucho su obra, y principalmente resaltaría su idea de vender el concepto de “dividendo de paz”, en el cual a la larga es un mejor negocio el que haya paz. Y si hay paz, hay más probabilidad de que las empresas crezcan o que hayan más, generando así mayor empleo y desarrollo (un gana-gana para todos).

Por su parte Mauricio Katz basó su ponencia no tanto en propuestas sino en preguntas puntuales que deben hacerse en estos procesos, principalmente ¿cómo estamos construyendo la paz? Seguido a esto hizo otro cuestionamiento, bastante interesante a mí parecer ¿es hacer la paz un arte o una técnica? Esta pregunta en aras de evitar recaídas en el futuro. Katz propone entonces un punto medio entre estas dos opciones, y además agregó la necesidad de fomentar ciertas capacidades entre las poblaciones vulnerables para poder fomentar la paz. Principalmente me llamó la atención cuando mencionó que suele dársele mucho empoderamiento a la comunidad, pero poco empoderamiento a los individuos. Claro que vale aclarar que el discurso tiene cierto halito a aquello de la “libertad positiva”, pero fue interesante ver esta posición.

Pero como todo siempre hay su Domingo Siete. Ya los oigo aullar porque voy a hacer una crítica a la señora Chará, y se me acusará de cuanta cosa. Pero hay que decirlo, aunque no le deseo ningún mal ya que por mí fuera no tendríamos conflicto armado alguno, su discurso versó más en la emocionalidad que en la racionalidad. Entre el bochinche que causó su retórica recalentada, porque más de una vez los “rebeldes” presentes en el auditorio aplaudieron en medio de su discurso, y el cual cito: “¿cómo nos van a hablar de paz, si no tenemos paz económica? ¿si aún tenemos pobreza?...”, no sabía yo ya si estaba hablando con la representante de las víctimas o de los grupos guerrilleros, porque lo que dio a entender fue: “o nos dan lo que pedimos, o continúan los balazos”. No quiero acusar a esta persona de estar vinculada con uno de estos grupos, pero tal parece que si no está de acuerdo con su medios, sí lo está con sus principios, lo cual además dejo entrever una intransigencia en su postura, donde además no tuvo una sola frase propositiva.

Y yéndome hacia lo académico, tengo que señalarle a aquellos que defienden el discurso de Chará aludiendo una posible falta de formación, que la retórica usada por ella es bastante similar a la usada por Joan Kelly-Gadol, por citar a una autora. No se engañen, formación si tiene, así esta no sea de academia formal. Y mientras los otros expositores hicieron una presentación estructurada y propositiva, Virgelina no hizo sino dar vueltas en un eterno pajazo mental, en el cual todo se reduce a que el estado debe atribuirle todo porque sí.

Por lo pronto también valdría la pena hacerse otras preguntas: ¿Vale la pena dialogar con grupos que no ceden y se aferran tercamente a unas ideas imposibles de llevar a la realidad? ¿Vale la pena hacer conversaciones con gente que no quiere poner de su parte? ¿Es admisible ceder terreno ante aquellos que siguen delinquiendo y no hacen muestras claras de querer la paz? El debate continúa.

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