Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

sábado, 5 de marzo de 2011

Bye Bye Miss European Pie

Desde la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética se ha sentido un optimismo por una renovación mundial que poco a poco se ha ido desvaneciendo y parece estar ya en sus fases terminales. Yo bien recuerdo que aunque era todavía un niño por alguna extraña razón sentía alegría por los sucesos de esa época, y ahora de adulto me doy cuenta que efectivamente cundía tal optimismo, no más es echar una mirada al tan cuestionado y criticado Fin de la Historia de Francis Fukuyama. Con el devenir de los acontecimientos nos hemos dado cuenta que pasamos del temor a un choque entre las superpotencias a una incertidumbre transicional a la cual no se le ve ni pies ni cabeza. Ahora, uno de los grandes símbolos de ese idealismo y optimismo noventero, la moneda común europea, parece estar en caída con lo que se le daría estocada final a este sentimiento.

Ya lo decía Margaret Thatcher en su libro Statecraft: “Sin el poder para emitir y controlar la moneda un estado no puede determinar su política económica” con lo cual también aseguró, “La moneda única europea está destinada al fracaso”. La verdad es que es tan sencilla como darse cuenta de que una moneda común es inefectiva si los países participantes no tienen sistemas de impuestos, mercados laborales y/o sistemas fiscales integrados; y si algo ha mostrado el Viejo Continente en años recientes, es que sus economías muestran aún grandes disparidades, y que por mantener a flote al euro, los países con buenas políticas económicas tienen que acudir al rescate de aquellos con políticas económicas deficientes, lo cual causa descontento dentro de sus fronteras.

Es por esta razón que las implicaciones de esta moneda común van más allá del plano económico, llegando ya al plano político, y sus efectos ya se ven. En el plano teórico esto traduce en dos aspectos cruciales: el primero bien lo señala Thatcher, la moneda común no responde a los intereses nacionales, y lo que se puede concluir de esto es que dadas las grandes diferencias entre los países europeos eventualmente algunos llevarán las de perder con estos arreglos. Lo que nos lleva al segundo aspecto, que para ser efectiva esta medida monetaria se tendría que llevar a cabo un plan de homogenización o igualdad forzada, lo cual generará no poca resistencia entre la sociedad civil de más de un país.

Y ligados a estos aspectos teóricos, hay que mirar los aspectos pragmáticos, lo que ya está sucediendo. Dada la interrelación entre estos eventos podemos precisar de forma resumida este aspecto. Ya se está viendo la caída de popularidad de varios dirigentes europeos, y todo por las medidas tomadas para no dejar caer al euro. Paralelamente se ve el ascenso en popularidad de partidos y movimientos de todo el espectro político que tienen entre sus principales propuestas el euroescepticismo, que si bien algunos son sensatos y no se basan en radicalismos (incluso algunos en lo personal tienen mi simpatía), entre los partidos euroescépticos cunden los partidos extremistas ya sea bien comunistas o ultranacionalistas. En suma, ya sea por una homogenización supranacional o un extremismo intra-nacional, Europa podría revivir viejos demonios que consideraba superados después de la época de las grandes guerras.

Dejando el alarmismo a un lado, algunos dirán que estos son problemas que se tienen que superar para que la Unión Europea salga fortalecida. Tal vez logre chapalear, y mantenerse a flote por otro tiempo, pero está demostrando que entre más crezca más difícil es su manutención, y como bien reza el dicho popular “entre más grandes más duro caen”. Por supuesto de darse un colapso de la UE esto resonará en otras partes del mundo, y de darse esto, sería bueno que se tomaran medidas para suavizar su caída y que las ondas de la explosión sean controlables. Así como con Woodrow Wilson, el idealismo nos está demostrando que su principal consecuencia es estrellarnos con la realidad.

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