Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

martes, 1 de marzo de 2011

Allá en el rancho grande

Realmente estudiar nuestra historia es cosa para machos. Más aun si se tiene en cuenta que el trasfondo de nuestros problemas actuales son cosas que no se han resuelto en 200 años o más, y que para más piedra nos adherimos a ellas como si realmente fueran una solución a nuestros problemas. Me refiero principalmente al asunto de tierras, y ahora que parece que por fin se está tomando cartas en el asunto de los desmadres de Agro Ingreso Seguro, me parece pertinente hablar al respecto. Y como tenemos tan metido el cuento de nuestro rico y fértil suelo que todo lo da, pues de entrada ya se ve porque estamos tan aferrados al tema.

Empecemos porque como toda revolución liberal decimonónica acá el impulso independista fue llevado a cabo principalmente por el sector comercial o burgués (si así lo prefieren) al cual no le convenían las medidas proteccionistas de la corona para llevar a cabo sus negocios. Bueno, y como para no dañarles las augustas imágenes que existen sobre nuestros próceres, y que no piensen que la independencia se dio por intereses económicos, precisamente ese era el sector de la sociedad educado en las ideas de libertad, igualdad y fraternidad (eran educados precisamente porque tenían billete ¿o qué creyeron?).

Por las guerras este sector comercial quedó muy mal parado, por lo tanto quienes asumieron el poder fueron  los antiguos hacendados y terratenientes a quienes sí les convenía la protección que les otorgaba la corona. Es por eso que cuando se vieron a sus anchas lo que hicieron fue fortalecer el antiguo régimen en esta región del mundo, así se hubiese separado de la Madre Patria. De ahí se explica a que culturalmente de entrada seamos unos sometidos; nos guste hablar de estratos y una supuesta “clase”; que tengamos endiosados a nuestros dirigentes (el patrón), y por lo tanto estemos siempre a la espera de que alguien de arriba resuelva nuestros problemas, y además, y lo más importante creo yo, el hecho de que todo cambio sea rechazado de forma tajante.

Y no hay mejor indicio que refleje esta actitud que el lío de las tierras. Mientras el mundo se industrializó, movió el mercado de las finanzas y de la tecnología, y demás formas para ver cómo mejorar su economía, aquí seguimos enfrascados en la creencia mercantlista de que la tierra y el metálico son sinónimo de riqueza. No sólo eso, sino que aún se habla de modernizar el agro porque nuestras formas de producción agrícola están muy atrasadas, casi que a nivel artesanal siglo XIX. Si se diese una repartición “justa y equitativa” de las tierras en nuestro país, eso no aseguraría que los recipientes de tal repartición lograran siquiera una economía de pan-coger como para decir que en serio saldrán de la miseria. Lo que muchos izquierdistas no captan, y en particular los que apoyan la “lucha revolucionaria”, es que Lenin repartió la tierra para ganarse al campesinado, porque eventualmente todo pasó a ser del Estado y luego se enfocaron a la industrialización.

Nosotros podríamos pasar por esos procesos de forma más efectiva y sin tener que masacrar a nadie si caemos en cuenta del atraso que tenemos, no tanto en infraestructura, pero sí en pensamiento. Bien podríamos dejar que se atasquen aquellos que tienen fincas grandes que no producen, y devolverles a aquellos que efectivamente fueron despojados por los grupos armados, y ver la forma de que caigan en cuenta que sería más beneficioso para todos si se da un verdadero complejo agro-industrial. Claro, estos terratenientes aún tienen el lobby suficiente para recibir protección, y nuestra economía urbana aún no es tan versátil como para absorber a la gente que viene del campo (y se nota). Tengamos en cuenta que la apertura gavirista sólo fue meter el pie en el agua, y nuestra economía todavía no se ha logrado diversificar.

Pero bueno, supongo que eso lo resolverán los de arriba, y mientras menos nos toque hacer ajustes y cambios mejor. Entonces la mejor medida para lograr esto, es que por fin Fernando VII vuelva para rescatarnos (sí, como no).

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