Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

martes, 4 de enero de 2011

¿Para qué tantos?

Hoy en uno de mis múltiples trabajos ocasionales, como guía turístico, le explicaba yo a un grupo de europeos como funciona el sistema político colombiano. Uno de ellos me hizo una pregunta interesante: ¿Qué tan grande debe ser la coalición en el congreso que necesita el presidente? Interesante porque me llevó a explicarle las diferencias entre el sistema parlamentario que predomina en Europa, y el presidencial que predomina en América. Interesante también porque plantea serias dudas sobre los beneficios del multipartidismo en un régimen presidencial, ya que después de la rigidez causada por la repartija de los partidos tradicionales durante el Frente Nacional, se ha cacareado la necesidad de un “pluralismo”, y por lo tanto, de un pluripartidismo.

Luego de un partidismo atomizado durante los 90, donde ningún partido por sí solo llegaba a ser mayoría en el congreso al ser tantos, ahora el número se ha reducido a 8 partidos efectivos ¿pero qué los diferencia más allá de ciertos colores y logotipos? ¿Qué representan? La U en teoría representa al uribismo (algo de por sí difuso), pero en la práctica vemos como se pegan al poder de turno; el Partido Conservador parece la mitad añorar la época previa a la independencia, y la otra seguirle el juego a la U; los liberales no se deciden entre socialismo, socialdemocracia, liberalismo progre y hace rato se alejaron de las ideas clásicas (por las que aún se conocen a los liberales en Europa), y por tradición saben que tienen que estar a la izquierda, y Cambio Radical no es más que una disidencia liberal, conformada por elementos menos izquierdistas, creada porque Serpa no los dejó jugar hace 12 años.

Esos son los de la Unión Nacional, ahora veamos a los otros cuatro: el Partido Verde es el partido “alternativo actual, por lo tanto son un maremágnum de personalidades distintas, lo que les dificulta tener un norte; el Polo recogió todas las movidas de izquierda que durante décadas no han logrado tener mayor acogida y ahora se pelean en un incómodo matrimonio;  el MIRA podría ser un ejemplo de la democracia cristiana en Colombia, pero su hermetismo hace que su posición sea clara y apenas tengan las dos curules con las que parecen estar felices, y finalmente el PIN, bueno, recogió a todos los que han quedado de los partidos investigados, y se dice que reciben instrucciones desde la cárcel Picota.

Es cierto, la política no es de blanco y negro, es de matices, y reducir las cosas a un dualismo simplista no soluciona nada. El hecho de que existan sistemas multipartidistas se debe a que estos, por lo menos en teoría, tienen distintos partidos que representan estos distintos matices, ya sea por diferencias ideológicas, religiosas, regionales, etc… No fue por una búsqueda consciente de un “pluralismo” forzado. Pero incluso en estos sistemas de más de tres partidos efectivos, se dan polarizaciones donde los partidos de tendencias similares se alían en lo que se podría llamar una coalición de derecha y una de izquierda.

En los regímenes presidenciales suele darse el bipartidismo, donde todas esas tendencias se concentran en dos partidos de aluvión, y a la hora de las elecciones es claro cuál de los dos conforma el gobierno, y cuál la oposición. Otro aspecto de los regímenes bipartidistas, y que acá puede ser considerado una gran ventaja, es que al buscar los votos pendulares de los moderados, más que ser polarizados tienden a ser centrípetos. Claro que si revisamos la historia, acá vemos como llevamos ese movimiento al centro al extremo de lo ridículo con el mencionado Frente Nacional, donde no se podría decir que había gobierno u oposición.

Aquí los partidos obedecen más a pugnas personalistas, y mientras dichas personalidades sigan en juego, se dan estas coaliciones de gran unión. Esto parece confirmar aquellos comentarios que dicen que sería mejor tener un único partido para no perder el tiempo en elecciones, y demás ejercicios democráticos. A decir verdad, hace poco vimos que se quería lograr un gran cambio para no tener más cambios. Esa perspectiva a es realmente tenebrosa, pero precisamente nos encaminamos a ella por querer participar en nuestra historia, y dejar que otros nos fuercen lo que ellos consideran son cambios positivos. La pregunta final sería: ¿Lo que vemos es lo qué queremos?

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