Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

lunes, 30 de agosto de 2010

Mientras regreso...

He estado un tanto atareado estos días, por eso este fin de semana los he tenido un tanto abandonados, pero no se preocupen, para el otro mes volveré con mis redacciones. Al ser este mes cuando conmemoramos el cobarde ataque a las Torres Gemelas, y yo haber atacado una religión en mi columna pasada (seamos honestos, el ecologismo es una religión, no una ciencia o una ideología), pues voy a ponerles a modo de puente las declaraciones del controvertido MP holandés Geert Wilders sobre las amenazas del Islam. ¡Nos vemos el miércoles!



viernes, 27 de agosto de 2010

Miedo a la tecnología

Yo lo admito, de frente, no soy muy bueno con los aparatos modernos. Aunque de chico me encantaban las rimbombantes películas de ciencia ficción de esa época, los 80, y también las de décadas anteriores, y aspiraba ser el primer ser humana que pisara Plutón; he de admitir que el computador con el que escribo estos artículos a ratos me gana. Por otro lado, no concibo ya la vida sin internet, un teléfono celular, horno microondas, y varias de las comodidades actuales; así no esté metido exclusivamente en redes sociales, o tenga el cacharro más estridente, y que para este año no hayamos colonizado el espacio como lo prometían aquellas películas.

Lo que me causea gracia, extrañeza y bastante fastidio es que gente que disfruta de estas nuevas tecnologías muchísimo más de lo que yo pueda hacerlo no le tenga fe a la tecnología, o mejor aún, al ingenio humano. No me refiero a aquellos que acusan a los vicios a los que puede llevar la tecnología, porque si es cierto que mal usada la tecnología es nociva, como cualquier objeto de la creación humana ésta no tiene un valor intrínseco, es el uso que se le dé. Me refiero a aquellos que no crean que la tecnología pueda cumplir con su función principal de hacernos la vida más fácil.

Ahora con las modas en filosofía “postmoderna” se cree que el mundo está a punto de acabarse, y que la única solución es llevar una vida más “acorde con la naturaleza”, cuando lo que en realidad quieren es que sería mejor si todos volvemos a vivir como trogloditas en taparrabos adorando a lo que no podemos explicar. Cada vez que me enfrento a uno de estos personajes les solicito que en vez de estar gastando alientos, me demuestren con ejemplos, y ejemplos propios, que ese tipo de vida es el mejor; que por favor abandonen todas las comodidades actuales, y se vayan a vivir al monte. Ninguno lo hace, y estoy seguro que de hacerlo no duran más de un mes.

Concedo que alguna tecnología es nefasta para el medio ambiente, pero no creo que la solución sea abandonar toda tecnología, al contrario, hay es que favorecer el que se mejoren estos avances. Y cuando digo esto no quiero decir que voy a utilizar un nuevo cacharro porque es más ecológico que el que pretende reemplazar cuando se trata de algo deficiente, yo lo usaré cuando éste sea igual o más eficiente que el anterior; además que de ser así, seguro es un mejor negocio para su creador, claro, si él o ella encuentra un mercado libre donde venderlo.

Muchos auguran que en 20 o 30 años no habrá agua ¿Cómo puede ser eso cuando el planeta es ¾ partes agua? ¡Ah! El agua potable es poca. Bueno, ya existen tecnologías que logran desalinizar el agua de mar, reciclar el agua, y se trabaja en la descontaminación de ríos. El argumento siguiente suele ser: es que esa tecnología no es muy efectivo. Respondo yo: hoy tal vez no, pero de seguro cuando la necesidad sea más apremiante veremos mejoras sustanciales en esas y otras tecnologías, recordemos que la tecnología surge de la necesidad, y que así mismo la tecnología deficiente de hace 20 años es muchísimo mejor en el presente.

El ingenio humano es algo sorprendente, y más de una vez nos ha sacado de aprietos cuando varios ya vaticinaban un cataclismo o el fin del mundo. Si algunos quieren llevar una vida primitiva es su decisión, y no veo por qué tengan que imponérnosla a los demás. Por fortuna, aunque la terquedad pareciese ser un rasgo principal de nuestra especie, si miramos la historia vemos como lo que prima es la adaptabilidad del ser humano, gracias al uso de su razón. Por eso lo que tenemos que buscar es generar un ambiente donde estas grandes ideas se den, y no echar para atrás a un modo de vida retrógrado.

jueves, 26 de agosto de 2010

En la tierra de los canguros

Este ha sido un año muy movido en cuanto a elecciones, y esta tendencia no va a detenerse sino hasta el año siguiente si todo sigue su curso normal (que es lo más probable). Tuvimos elecciones acá en Colombia, las hubo en Holanda, en el Reino Unido, y el pasado fin de semana se dieron en Australia, país bastante alejado del nuestro no sólo en lo geográfico, sino también en lo político, al no haber embajada alguna de este país en el nuestro; como también en lo económico y comercial, no es difícil imaginar que al tener abandonado nuestro litoral pacífico es uno de los varios países de esa región con el que desaprovechamos de una oportunidad de hacer negocios.

A pesar de esto, se ha notado un aumento en el interés por tal país austral al verse muchas oportunidades de intercambios estudiantiles, instituciones académicas con influencia australiana, entre otras cosas. De hecho, varios allegados míos han visitado dicho país, e incluso un familiar cercano vivió allá por varios años. Por este motivo, además de salir un poco de nuestro encierro cultural, considero importante ver que pasó allá.

La política australiana está enmarcada en una democracia parlamentaria que se podría decir que es bipartidista, aunque algunos partidos menores logran escaños de tanto en tanto. Como en la mayoría de países con un parlamento la izquierda en Australia está representada por un partido Laborista, mientras que en la derecha existe una alianza entre dos partidos desde 1922 a la que se le llama “The Coalition” (La Coalición). Dicha alianza está dada entre el National Party, un partido más tradicionalista y populista, y el Liberal Party cuya plataforma la encuentro genial, al ser de todos los partidos que he estudiado la más cercana a mi presentación de la nueva derecha. Así como el Partido de la Independencia en Islandia, y las coaliciones del CDU y el FDP en Alemania, y el CDA y el VVD en Holanda, vemos las claras alianzas que han logrado los conservadores y los liberales clásicos en las democracias parlamentarias.

Normalmente cuando The Coalition es gobierno el líder del Liberal asume el cargo de Primer Ministro, y el correspondiente del  National asume el de Primer Ministro Diputado. Entre 1996 y 2007 fueron gobierno con John Howard, uno de los fundadores del IDU,  como Primer Ministro, recibiendo del laborista Keating un hueco fiscal de US$9 billones. Fiel a sus ideas de la no intervención estatal Howard siguió adelante con sus planes de cortar impuestos y dejar la economía fluir, apoyado por una amplia mayoría en el parlamento; pero a diferencia de otros dirigentes conservadores que cortaron tributos antes de hacer las reformas necesarias, Howard se aseguró de hacer recortes en el gasto público para poder llevar a cabo tales reformas tributarias, y eventualmente Australia tuvo un auge económico durante los años de Howard. No sólo sus avances fueron en el campo económico, Howard fue un garante de las libertades individuales, a la vez que le recordaba a los radicales que Australia era una nación fundada en valores judeocristianos. En definitiva, otro más para la liga de campeones.

En 2007 fue sucedido por el laborista Kevin Rudd, donde una vez más la economía cayó, el desempleo subió, y el gobierno prometía reformas sociales a manos llenas (básicamente la fórmula anterior a Howard) a la vez poniendo más impuestos, mientras que pedía disculpas a aquellos que pretenden minar a la cultura occidental. En Junio de este año, en una media aún controversial, Julia Gillard le arrebató el liderazgo del Partido Laborista a Rudd, y por lo tanto es la actual Primer Ministro de Australia. Era cuestión de poco tiempo para que pasara una moción de censura en el actual gobierno, y de ahí las elecciones pasadas. En el parlamento australiano se necesitan 76 escaños (mitad más uno) para que un partido o coalición pueda ser gobierno. The Coalition ganó 73, los laboristas otros 73, y actualmente se ha declarado que Australia tiene un parlamento “colgado”, situación que no se daba desde 1940. Actualmente ambos bandos están tratando de hacer coalición con los independientes, e incluso corre la posibilidad de que se repitan las elecciones. Por el bien de esa nación espero que el líder liberal Tony Abbot logré consolidar el gobierno, y no olvide las enseñanzas de su antecesor en el liderato.

lunes, 23 de agosto de 2010

Los problemas del agro en Colombia

Un tema a la vez histórico y delicado en Colombia es la cuestión del agro, y precisamente por lo delicado es que lo he tocado tangencialmente en artículos anteriores. Nosotros a pesar de una declaración de independencia, festividades rimbombantes de bicentenarios, pero honestamente no logramos sacudirnos de la mayoría de las viejas estructuras colonialistas. Podría dar una lista larga, pero para este caso voy a nombrar La Encomienda, donde un ecomendero recibía un favor del rey para poder tributar en su nombre a los indígenas, a cambio de darles protección a estos y adoctrinamiento católico, lo que posteriormente degeneró en un sistema de abuso y trabajos forzosos.

Desde entonces este país ha prolongado su tradición de grandes terratenientes, que ni prestan el hacha, ni dejan rajar. Digo esto porque en 200 años de independencia no se le ha dado un verdadero uso productivo a las tierras fértiles: nuestra agro-industria es casi inexistente además de débil, y a pesar de la mano barata, no se ve mayor despegue en materia de economía o por lo menos en materia de desempleo.

El día de hoy se discute una vez más en el congreso la posibilidad de lograr una reforma agraria, así como se intento hacer en la Revolución en Marcha de López Pumarejo en 1936, o la reforma de Carlos Lleras Restrepo en 1968, y ha sido banderilla de más de una campaña, y ninguna ha sido realmente fructífera, no por nada el control de dichas tierras da para financiar campañas políticas. Y a pesar de no ser muy amigo de los socialismos, de las intervenciones estatales, y promuevo el derecho a la propiedad privada, sí es verdad que comparto la idea en que a muchas de esas tierras se les podría dar un mejor uso; no por nada una de las condiciones para tener tierras en los establecimientos puritanos en Norteamérica era trabajarlas, quien no lo hacía corría el riesgo de ser expropiado y que estas fueran entregadas a alguien que sí lo hiciera.

Una consecuencia positiva de la era de los grandes carteles de narcotráfico es que se lograron incautar varias tierras, así mismo en los procesos de paz con los grupos paramilitares, estos entregaron tierras al Estado. Por otro lado tenemos personas desplazadas a las cuales el Estado les incumplió en una de sus funciones básicas, la seguridad. Entonces tales tierras podrían repartirse entre aquellos desposeídos como una especie de compensación a estas personas, así ni todo el oro del mundo cubra sus pérdidas, sin necesidad de expropiaciones arbitrarias, y de paso que las administre alguien que a diferencia del Estado las sentirá como propias y les dará un buen uso, o eso se espera.

Traigo esto a colación porque soy consciente de lo sucedido en el mandato anterior, donde en aras de lograr una mayor productividad el Estado le otorgó tierras a la empresa privada para intentar hacer que despegara la agroindustria en nuestro país. La medida no sólo causó controversia porque una vez más no se les entregó las tan anheladas tierras a los desposeídos, sino por la importación de cultivos foráneos como la palma africana. A riesgo de sonar cínico, esa es una preocupación que me abarca a mediano y largo plazo de llegarse a dar tal repartición; no es claro si vamos a tener después de eso un agro productivo o uno mantenido. Porque de no darse lo primero, lo segundo lleva a interminables subsidios que degeneran en casos como el también controversial Agro Ingreso Seguro.

Actualmente nuestro agro recibe subsidios para poder compensar las distorsiones del mercado, donde los precios de venta no cubren los costos de producción, dado lo artesanal de nuestra producción agrícola; de cobrarse a precios reales sus productos, casi nadie podría hacer mercado, además de no lograr competir con productos que vengan del extranjero. Entonces claramente se requiere de una agroindustria fuerte y competitiva, que supla las necesidades locales y que incluso pueda dar para exportaciones cuantiosas y que superen a las de recursos no renovables; pero difícil lograr esto con subsidios que solo logran actitudes acomodaticias y que piden más ayudas, pero por otro lado la situación está muy precaria como para aplicar una reforma agraria a la neozelandesa.

Aquí lo adecuado, según mi parecer,  es como solía proponer Álvaro Gómez trazar una meta y seguirla a cabalidad. Para lograr una buena industria agrícola, competitiva, de buenos productos, que genere empleo, y autosuficiente, de seguro tendremos que darle varias concesiones a dicho sector de la economía, de hecho es lo que parece proponer nuestro actual presidente; lo esencial acá es dar un tiempo adecuado, puntual e inamovible para que pueda realizar los preparativos requeridos, de todos modos las economías más libres tuvieron que pasar por un periodo de proteccionismo para lograr tal libertad; pero que tampoco se duerma en los laureles pensando que las dádivas van a ser infinitas. Una vez más insisto, es cuestión de posibilitar la manera en que los individuos que componen a nuestra sociedad logren hacerse responsables de sí mismos, para así gozar de una verdadera libertad.

domingo, 22 de agosto de 2010

Por una nueva derecha

¿Qué se entiende hoy en día por derecha? Normalmente lo que parece venir a la mente de muchas personas cuando se menciona esta palabra en materia de política es gente de mucha edad, probablemente muy rezandera (algo muy distinto a ser religioso o espiritual, aclaro), que quiere meterse en la vida de todo el mundo, extraña un pasado que nunca va a volver, además de tenerlo altamente idealizado, y que incluso llegan a preferir un régimen autoritario de corte ítalo-germano o íbero-tropical sobre la democracia con tal de lograr tan preciado orden.

Con tal concepción no es de sorprenderse que sólo unos pocos se quieran llamar “de derecha”, y que todos los partidos políticos se vendan como de “centro”, incluso aquellos que sí tienen ese tipo de ideas en la cabeza. Como es usual, podríamos pensar que todo es producto de una mirada excesivamente lineal del espectro político. Por eso me remitiré en este artículo al autor Celso Lafer y su libro “Ensayos Liberales”, donde propone una de tantas miradas bidimensionales que se han elaborado para abordar mejor este tema. En dicha mirada, Lafer propone además de un eje izquierda-derecha uno donde se mira lo antiguo vs lo moderno, y las características expuestas claramente obedecen a la derecha del primer orden, y no del segundo.

Algunos dirán que estoy siendo un vendido, y estoy comprometiendo x o y ideales o doctrinas, nada más falaz y contrario al propósito del presente artículo. Primero, porque precisamente lo que hay que conservar son las ideas primigenias del Estado Liberal, no un régimen oscurantista o dictatorial, no por nada Edmund Burke era un Whig y no un Tory, y nuestro partido azul originalmente era el Partido Liberal Conservador. Segundo, la experiencia y la historia nos han demostrado que para que los seres humanos podamos ser libres se necesita de un orden; que se exija a todos los ciudadanos las responsabilidades que conllevan las libertades ganadas, y de esta forma no necesitan que el Estado los mantenga porque si a la gente se le trata como adulta hay más probabilidad de que se comporte como tal, y finalmente que los cambios repentinos y las ingenierías sociales causan más desastres que los que solucionan, recuerden el Olimpo Radical.

Tales principios tuvieron un fuerte auge durante la década de 1980, con la revolución conservadora neo-liberal liderada por Reagan y Thatcher, aunque antes de ellos encontramos varios antecedentes claves como lo fuese Barry Goldwater, y esta revolución la que representa la derecha moderna expuesta por el autor citado. Pero como es usual en la historia, la carga de la responsabilidad personal no suele ser del gusto de muchos, principalmente aquellos que quieren mantener un puño de hierro sobre la gente y para ello la necesitan dependiente, las cosas parecen haber tomado un retroceso.

Y no me refiero al caso local, acá todavía tenemos que pasar por ciertos procesos para que sea comprendido por el colombiano promedio, me refiero a aquellos que llevaron la punta de lanza hace 30 años, como debieran serlo el Partido Republicano en Estados Unidos o el Conservador del Reino Unido. Como bien lo explica Jacob Weisberg en su columna de hace unos meses, se necesitan propuestas más serias de este “Conservadurismo del Oeste” más basado en las libertades individuales, que el populista sureño o el “moderado” del Este que no se diferencia en nada a las propuestas contrarias (no muy disímil al centrismo criollo).

Como dije anteriormente, en Colombia aún tener que pasar por ciertos procesos para lograr promover tales ideas, pero por ello mismo estos no se darán a menos que hagamos algo al respecto. Es hora de dejar de pelearse por las menudencias y sobras del gobierno de turno, es hora de darse el lapo y ser fieles a ciertos principios, nuestros principios, y a la vez definir nuestra situación actual y el norte a tomar, de nada sirve rememorar gobiernos fallidos de hace 60 años. Lo más seguro es que en un principio seamos minoría, pero recordemos que algo bello de un país en realidad republicano es el que las minorías pueden convertirse en mayorías.

sábado, 21 de agosto de 2010

Breve video sobre la Guerra Fría

Otro de mis proyectos para la universidad, esta vez sobre mi periodo favorito de la historia. Espero sus comentarios,

viernes, 20 de agosto de 2010

John Galt a la bogotana

Lo oigo hasta el cansancio, en los debates sobre política económica principalmente, que lo “justo” es que aquellos que ganan más dinero deben pagar mayor cantidad de impuestos, para que así el Estado pueda dar la tan merecida redistribución que hará que las cosas por fin funcionen en la sociedad. Lo paradójico del asunto es que esa proclama viene por parte de los mismos que son más estridentes en acusar a la administración pública de corrupta, como suelo insistir.

Lo que no parecen tener en cuenta aquellos que abogan por este tipo de medidas es que tal vez, y sólo tal vez, los que pagan tal cantidad de dineros no se sientan muy satisfechos con tal medida. Pero bueno, dirán los que proponen esa medida, una persona no necesita tanto dinero y se lo tienen merecido por ser tan codiciosos, y los menos cínicos dirán entonces que es su deber con la sociedad. Lo que no parecen considerar es que tal tasación tan severa probablemente pueda ser pagada por aquellos con amplias fortunas, pero lo más seguro es que desmotive a aquellos que van en ascenso, y las cosas se mantengan en su posición actual. Tampoco parecen considerar otra opción: ¿Qué pasaría si deciden irse?

En el magnum opus de Ayn Rand “La Rebelión de Atlas” se plantea la posibilidad de una sociedad distópica donde el resultado de la constante estatalización y colectivización, es la desaparición de todos los empresarios y personas creativas o productivas liderados por el carismático John Galt, quienes fundan una sociedad anarco-capitalista para escapar de tanto control. Algunos me dirán que la trama del libro es exagerada, de hecho lo pensé cuando lo leí pero me estoy dando cuenta que a pesar de la grandilocuencia y simpleza del manuscrito de Rand, éste contiene algo de realidad.

Si no me creen por favor lean este artículo del día de hoy en El Espectador, donde nuestro siempre bien ponderado alcalde Samuel “Ungenio Moreno” propone una reforma tributaria para evitar el éxodo de empresas que se está dando en la capital. La razón por la cual se da esta movilización es que en los pueblos aledaños es que los empresarios no tienen que pagar tantos impuestos, y no crean que se trate de personajes que recuerdan al protagonista del juego de mesa “Monopolio”, con un promedio de 50 empresas por año lo más probable es que se trate de pequeños y medianos empresarios, no haya tantos gatos gordos en nuestro país, muchos menos en Bogotá.

Claro, al alcalde le preocupa no poder sostener todas las dádivas gubernamentales que mantiene en este instante, además que a los desastres en la construcción de Transmilenio y el metro no logra recortarle mayor presupuesto (y todos temblamos al pensar cuánto dinero se pueden estar mascando en ese proceso). Lo que no parece trasnocharle a Ungenio es que es la empresa privada, y no el gobierno, la que crea empleos; por lo tanto serán esos pueblos los que se beneficien con los nuevos empleos, no la capital donde el desempleo va en subida. Es decir, lo que le preocupa a Moreno es el seguir teniendo a gente mantenida, no darle la oportunidad de que se encarguen de sí mismos. Definitivamente, es un modo de pensar que encuentro macabro.

Definitivamente hechos como el descrito solo me convencen más de que Rand no estaba del todo desacertada con sus ideas, al contrario, varias de ellas parecen cobrar más validez al empezar el mundo cada vez más a parecerse a aquella distopía descrita por ella. Considero que es bastante curioso, y tal vez no tan coincidencial el que hoy se haya escrito el mensaje más grande en GPS, y sea el siguiente:

Juzguen ustedes.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Digan lo que quieran

Una lección que al parecer no hemos aprendido los humanos es que la represión causa héroes. Digo esto porque a pesar de ser la libertad de expresión uno de los muchos logros que tenemos los occidentales, persistimos en la idea de considerar al otro como un agente peligroso cuya retórica desencadenará el caos entre las masas o cosas similares, entonces se recurre desde el insulto y la acusación sin fundamentos hasta las desapariciones forzosas. Tal posición solo es una muestra de temor y debilidad por parte de los represores, los cuales para compensarla recurren al matoneo en toda forma como expresé antes.

Digo debilidad porque no ven la forma de debatir a la tan odiada retórica y argumentación, no sé si por falta de labia, convicción o educación. Lo que sí es cierto es que con las acciones violentas y coercitivas no logran acallar dichas voces, todo lo contrario, aquellos que son reprimidos suelen sentirse validados y crean héroes y mártires de aquellos que son inmolados. De hecho, si no estoy mal, uno de los sindicalistas muertos el 1ro de Mayo en Chicago predijo que con su ejecución se perpetuarían sus palabras en el tiempo. Es más, ¿cuántas camisetas y demás merchandising se vende del Cliché Guevara? ¿Cuántos que usan su efigie realmente saben de sus propuestas?

Si algo me ha enseñado la experiencia es que la mejor política es dejar que hablen. Muchos de los militantes fanáticos no logran perpetuar sus ideas porque suelen caer en la contradicción, al basarse ellos del mero idealismo y el “deber ser”, o no tratarse más de quejidos y lloriqueos, con los cuales cualquier persona con dos dedos de frente no se deja convencer tan fácilmente. Por supuesto habrá algunos buenos oradores, que más que silenciar nos ayudan a enfrentarnos a nosotros mismos con nuestras ideas, y por ende nos obligan a buscar la forma de reforzarlas, cosa que se logra estudiando y reflexionando, y tenemos el valor agregado de cultivarnos más.

Es por este motivo que aplaudo la intervención en el congreso del ministro del interior, Germán Vargas Lleras, donde solicita que no se evada la discusión sobre las garantías a la oposición. Una vez más recalco la importancia que tiene para un régimen democrático la existencia de una oposición, una real y efectiva que busque el debate y no el sabotaje, sobre todo teniendo en cuenta que es una posición a la que se puede llegar, y creo que estaremos ahí más pronto de lo que parece.

Va a ser genial, si resultan ciertas estas garantías, el que los senadores del Polo puedan expresarse y no se les tilde de “terroristas” o de “enemigos del Estado”, y no teman por sus vidas (derecho fundamental para todo ser humano); porque así en vez de darles un tinte heroico, podemos convencernos de una buena vez que su plataforma es una vana utopía, cuya implementación no solo es inviable, sino dañina al largo plazo.

lunes, 16 de agosto de 2010

A lo que nos llevan las emociones

Yo creo fervientemente que un rasgo que nos caracteriza a los colombianos es ser emocionales. Como dice el ridículo eslogan de una reciente campaña publicitaria: “Celebramos porque nos enamoramos, y celebramos porque nos dejan”. No estoy seguro si la frase sea tal cual lo que escribí, y ni me importa, pero la idea es esa, basta ver como al que queremos lo elevamos a la categoría de “hermano”, pero con una minúscula falla que cometa esa persona ya la queremos ver muerta. Y no sólo somos así con nuestras relaciones personales, no por nada a uno de nuestros grandes futbolistas lo abalearon por un error que suele darse en el juego, y las elecciones pasadas se basaron más en el insulto por parte de los seguidores, que en un choque de argumentos.

Es por esto que no sorprende el que a una semana de haberse posesionado como presidente Juan Manuel Santos es increíble ver como muchos de sus antiguos contradictores ahora van desde unos modestos halagos un tanto camuflados, hasta casi venderlo como un héroe salvador en los grandes medios de prensa. Así mismo, varios de sus antiguos adherentes, dedicados hasta hace poco a despotricar de Mockus, ahora lo consideran un traidor, y ya algunos medios dicen que todo apunta a que la pasada bomba del jueves fue puesta por esos sectores de ultra-derecha (esperemos que la investigación se haga de la mejor forma y borre todas las especulaciones). Los únicos que parecen mantener su posición son los viejos apáticos de siempre a los que nada les gusta. Soy consciente de que he hecho varias menciones al respecto de este cambio de actitud en mis últimos artículos, pero aún no soy lo suficientemente buena persona para evitar decir: “¡se los dije!”

Era de esperarse que alguien como Santos, hábil para haber estado pegado al poder desde los 80, no fuese el títere de una figura popular como Uribe, sino que más bien supiera aprovechar su popularidad para llegar a la presidencia y establecer su propia agenda, más basada en el liberalismo rojo que en el uribismo. En vez de la escalada violenta que vaticinaban sus otrora detractores, ahora vemos que de momento normalizó las relaciones con Venezuela; en vez de mantener un gobierno corrupto, vemos como la mayoría de sus nombramientos han sido personas consideradas por la opinión pública como idóneas para cada cargo (siendo sincero, por lo menos un par me han convencido a mí); lo que ha producido dicha alabanza hacia el presidente. Incluso a pesar de las acusaciones por parte de los santistas durante las elecciones de que Mockus sería un retorno a la era Pastrana o Samper, ya vemos que Santos ha echado mano de muchos gabinetes noventeros, y como también se está dando un retorno a la tecnocracia extrema de gestiones pasadas.

Siguiendo con esta idea, algo que tiene las emociones encendidas es lo mucho que se habla de la posibilidad de la tan anhelada reforma agraria, la cual se necesita desde hace 200 años. Le hallo razón a que se tome una medida de tal magnitud, no por nada el problema de los latifundistas viene de los antiguos encomenderos españoles, y sería un verdadero paso hacia adelante una nueva repartición de tierras, más teniendo en cuenta que se repartirían tierras incautadas al narcotráfico a personas que merecen una compensación del Estado al fallarles éste en su protección, y es preferible a cualquier subsidio ilimitado y mañoso. Ahora bien, guardemos las emociones para cuando esta reforma efectivamente se dé, al no ser el primer gobierno que la promete; y también me parece adecuado saber que planean hacer después si se da la reforma, si se reparten las tierras y las personas que las recibieron no logran que estas sean productivas ¿qué vendrá? ¿Más exigencias de apoyo hacia el Estado? ¿Generar mayor dependencia? Es probable.

De la misma forma que este gobierno se muestra como pragmático, lo más aconsejable será darle una cucharada de su propia medicina y examinarlo con cabeza fría (como si hubiese otra forma efectiva de analizar a un gobierno). Reitero una vez más lo que expuse el día de la posesión del actual presidente, alabaré sus aciertos y criticaré sus fallas, pero una semana es muy poco tiempo para decidir si lo que ha realizado es lo adecuado, o nos está llevando a otro desastre; así que una vez más recomiendo tener los ojos bien abiertos, y no dejarnos llevar por nuestras pasiones que suelen ser malas consejeras.

domingo, 15 de agosto de 2010

Ideales vacuos pero peligrosos

Una especie de karma, si se le puede llamar así, que sufrimos en Latinoamérica es la idea romántica, en el sentido decimonónico, del “revolucionario heroico”. No lo tildaría de karma, de no ser porque esa idea trasnochada, obsoleta, y mandada a recoger, aún sigue causando fuertes estragos en nuestra sociedad; y no basta ser un genio para darse cuenta que el accionar de las guerrillas y la izquierda anticuada ha sido una de las causas principales por las cuales esta región del mundo sigue estando relegada. Es muy difícil generar identidad cuando existen grupos de presión que se dedican a destruir en vez de contribuir, y al no tener identidad, es muy difícil lograr dar pasos hacia alguna meta, sea cual sea.

Hablando sobre identidad, Eduardo Galeano, escritor de ese famoso panfleto “Las Venas Abiertas de Latinoamérica”, comentaba en los documentales que se produjeron con el motivo de los bicentenarios que “no nos han dejado ser nosotros mismos”; es otra idea que ronda y que la élite intelectual quiere propagar a como dé lugar el que los latinos somos, por así decirlo, socialistas por naturaleza, socialistas marxistas para más piedra. Bajo esa premisa es que varias personas de otros países y nacionales también llaman a Colombia “el Caín de Suramérica” (tal vez querían decir Judas, pero hasta ahí les llegó la cultura), al ser el país que menos bolas le ha parado al cuento mamerto a pesar de tener la guerrilla más vieja del mundo, y por ser el incondicional aliado de Estados Unidos en la región.

Son esas ideas las que han llevado a Chávez a creerse sus delirios de un Bolívar socialista, y todas las desfachateces que se han desencadenado desde eso, que el extinto Rafael Reyes diera tures por Europa como si fuera un conferencista académico o embajador, que una ONG en Dinamarca le haya mandado dinero a las FARC, que la holandesa Tanja Nijmeijer se haya unido a dicho grupo terrorista, y otras chifladuras de alto peligro.

Y aquí tenemos a Piedad Córdoba saludándose de beso con esos terroristas, y clamando por unos diálogos que claramente ellos no quieren, porque de ser así detendrían sus acciones violentas, pero ya tuvimos una bomba en Bogotá el pasado jueves; además, aún tenemos muy presente el chasco del Caguán, si en serio quieren paz, que entreguen las armas. Lo tragicómico del caso con esta señora es que va a entrevistarse con Fidel Castro, uno de los que fue (y no sé si siga siendo) patrocinador de este grupo armado, y no creo que sea para que les pida detenerse, a Castro jamás se le pasaría eso por su malavenida mente.

Por una vez sería bueno que esa generación que nos metió en este desastre, que en Colombia representan tan bien Laura Restrepo, Antonio Caballero y otros, dejara ya de hacerle tanta propaganda a estos ideales en principio utópicos, pero lo único que generan son muerte, destrucción y totalitarismo. También clamo para que de una vez quienes me lean de afuera se den cuenta de una buena vez que no hay nada de romántico en lanzar pipetas de gas a estaciones de policía que resultan destruyendo las escuelas y centros médicos vecinos, todo por imponer un sistema que lo que logra es repartir miseria. Cuba no es un paraíso, y si se nos dejara trabajar, Latinoamérica no tomaría el camino de dicha isla.

sábado, 14 de agosto de 2010

El show del recuerdo

Hace diez años mientras se grabaron estas canciones que había escrito yo con mi bajo para mi primera banda, jamás me hubiese imaginado que estaría escribiendo una columna conservadora, o tal vez sí un poco, ya por esa época empezaba a mirar cosas con las que me sentía más afín a la hora de la verdad. En aquella época aún me consideraba un anarquista, a pesar de haber pasado el chasco de haber asistido a un "galepaluza" (festivales de puk que olían a pegamente a 3 cuadras a la redonda), pero he de admitir que después de ver toda esa decadencia y mediocridad; no es que fueramos la gran banda, pero por lo menos algo de esfuerzo le poníamos a lo que hcíamos en vez de hacer cosas a las patadas y sin energía.

Se dice por ahí que las personas tienen cierto talante que los lleva hacia cierta orientación política, yo eso lo creía falso hasta que redescubrí estas grabaciones y hablé con mis antiguos compañeros de banda. Para ellos no fue ninguna sorpresa el que hoy me mueva abiertamente por la derecha, y creo que en este par de canciones hay una muestra de ello, al ser la primera un ataque frontal contra un ícono de la izquierda mamerta, y en el otro le doy la espalda a la movida punk acusándola, como bien lo dice su título, de un hippiesmo con crestas.

Supongo que las cosas caen por su propio peso, espero les guste.

viernes, 13 de agosto de 2010

La economía de la filantropía

Si hay un derecho que yo crea fundamental es el derecho a la propiedad, así como alguna vez lo expuso John Locke hace algunos siglos. Lo que una persona haga con su bien ganado dinero y sus posesiones me tiene sin cuidado, mientras no se trate de un atentado contra la integridad de otra persona por supuesto. Si algunas de las personas más ricas del planeta quieren donar la mitad de sus fortunas en pro de obras benéficas y filantrópicas ¡genial! No sólo porque son ellos los únicos que deciden el destino de dichos dineros, también por el buen ejemplo que muestran al hacerlo, algunos randianos y otros radicales se pondrán en mi contra por decir esto, pero sí considero que es bueno prestar una ayuda a alguien que lo necesita, y principalmente, si parte de la voluntad propia.

Pero como era de esperarse no todos aplauden el buen gesto, de hecho lo atacan, y mientras algunos lo hacen de frente, tenemos a María Jimena Duzán matizando sus claras intenciones estatistas en su última columna del pasado domingo. Según ella tales donaciones no son más que asistencialismo, y preferiría que no se dieran y que más bien tal filantropía la demostraran pagando impuestos. Claro, nadie mejor que el Estado para saber qué es lo mejor para uno y cada uno de nosotros, y administrar nuestros recursos, claramente planes como Familias en Acción no son asistencialistas y forman personas capaces de eventualmente mantenerse a sí mismas; tiene razón Sra. Duzán, la mejor ayuda es la coercionada no la voluntaria.

Como ella tangencialmente lo expone, todo ese montón de dinero irá a fundaciones benéficas no directamente a las manos de los beneficiados, y me parece que la razón es hasta evidente: a pesar de tratarse de una donación, aquellos que dieron sus dineros pueden monitorear de forma más efectiva y directa el uso que se les dé a las cifras aportadas, caso contrario a lo que sucedería si quedaran en manos del gobierno. Lo que me lleva a otro punto a favor de las donaciones contra los impuestos: la inmediatez. Tanto quien la otorga como quien la recibe pueden acordar unas condiciones en las que ambos se vean beneficiados por el intercambio, mientras que la mano fría del Estado pide formularios y formularios, y no se asegura de que se lleven a cabo los objetivos de tal ayuda.

Claro, Duzán se fundamenta en la impresión de que los ricos pagan menos impuestos que las clases medias o pobres. Esa es una consecuencia previsible de aquella noción de que lo “justo” e “igualitario” es que entre más se gana más porcentaje y tarifa hay que cobrarle, entonces cuando el Estado se ve en la necesidad de recortar impuestos para mover la economía ¿a quiénes creen ustedes que tiene que recortarles impuestos para tal fin? Me da un motivo más para apoyar el “flat tax” propuesto por Hayek y Friedman, en el cual todos pagamos el mismo porcentaje sobre nuestro ingreso, el cual sí considero más igualitario ante la ley y en el que cada uno paga según su capacidad.

La autora reseñada demuestra dos ideas muy difundidas, la primera es que la economía de mercado es un juego de suma cero donde una persona se beneficia a costa de la otra, y no de un beneficio mutuo producto de un acuerdo entre ambas partes. La segunda y más temible, es la que existe una “elite” que sabe mejor que todos los demás como deben llevar sus vidas, administrar sus posesiones y cuál es el “verdadero” sentido de la felicidad; y es esa élite la que debería estar en el gobierno dirigiendo la vida de toda la población. En vez de estar criticando acciones ejemplares y envidiando a otros, deberíamos aprender de ellos como lograr sacarle un mejor provecho a nuestras labores sean cuales sean, y recordar que todos en algún momento de nuestras vidas necesitamos de un empujón para salir adelante.

jueves, 12 de agosto de 2010

Un reto a futuro

A semana y media de haber comenzado el semestre ya me tienen partido en todas las materias, y equilibrar estudio y trabajo ha sido agotador. Un tema que voy a estar tratando todo este semestre son los partidos políticos en Colombia, tema que me resulta altamente interesante y apasionante, aún más en estos tiempos de indefinición e ignorancia política rampante, incluso entre aquellos que se dicen cultos o educados; y partidos desdibujados sin ideología alguna. Es más, recuerdo uno de los primeros propósitos al iniciar este espacio de opinión, lograr que los lectores se den cuenta en qué posición del espectro se encuentran.

Mi primera exposición sobre el tema la di ayer en la mañana, en la cual presenté una breve reseña histórica sobre el inicio de los partidos tradicionales en 1849. No era la primera vez que me enfrentaba al reto de buscar literatura y/o documentos relacionados con este tema, así que no fue mucha mi sorpresa al saber que no contaba con muchos libros sobre ideas políticas en Colombia en la biblioteca, y entre ellos el más reciente era de 1985 y el resto fueron impresos en años cercanos, todos eran libros de reserva, y curiosamente todos eran de la misma editorial, la cual hay que decirlo, hizo un trabajo deficiente, ya que los libros se rompían y deshojaban con solo abrirlos.

Por suerte la exposición se trataba de algo histórico y no actual, ahí sí que me hubiera visto en figurillas; y eventualmente me va a tocar abordar la coyuntura actual. Comprendo que después de las reformas que se dieron para la conformación de partidos con la Constitución de 1991, las operaciones “avispa” de esa década, y al pluripartidismo moderado al que afortunadamente nos ha llevado el Acto Legislativo 1 de 2003, donde aún no se distinguen los partidos entre sí; no exista mayor interés por hacer un análisis sobre nuestros partidos políticos y sus posibles posiciones y propuestas ideológicas. Que lo comprenda no quiere decir que me agrade, porque precisamente eso refleja los grandes huecos en nuestra comprensión política, y una de las causas por las cuales la ciudadanía no sienta mayores diferencias entre un dirigente y el siguiente con sus posibles excepciones.

Cuando escribí mi artículo sobre el uribismo, advertí que es un tema que bien puede requerir de un estudio más profundo, y que podría incluso dar para una publicación más extensa. Jamás me imaginé mientras lo escribía que no sólo en esa corriente, sino en las ideas políticas actuales existe ese gran vacío, y probablemente sea porque nuestros dirigentes lo han sabido aprovechar; aunque eso me suena a teoría paranoide entonces prefiero no tenerla muy en cuenta.

Ahora el afán que me llega es terminar esta carrera para poder tener las bases cognitivas y así poder producir publicaciones serias y académicas sobre nuestra actualidad ideológica, y con esto ayudar a desenmarañar la confusión y desenmascarar a más de uno. Es una empresa grande y ambiciosa, pero no soy de los que esperan que del cielo caigan las cosas, y me da un aliciente más para seguir en mi batalla personal, y practicar escribiendo en este blog. Nos veremos en las editoriales en unos años.

miércoles, 11 de agosto de 2010

La realidad en la nueva presidencia

Ayer en la tarde se reunieron nuestro presidente Juan Manuel Santos y su homónimo venezolano Hugo Chávez, y hoy en la mañana los titulares de los principales medios de información muestran un desmedido optimismo al anunciar un “borrón y cuenta nueva”, al lograr restablecerse las relaciones diplomáticas entre ambos países. Si bien es un alivio que baje la tensión con el hermano país, y el comercio fluya de nuevo, más teniendo que ahí existe un fuerte lobby por lado y lado; hay que esperar a ver si el realpolitik de Santos logra tranquilizar al Gorila Rojo.

Chávez insistió casi hasta las lágrimas que su gobierno no apoya a las guerrillas colombianas, y además dijo sobre el acuerdo de las bases estadounidenses en suelo colombiano que Colombia es soberana para establecer convenios militares con cualquier país. "Lo único, y eso es válido para ambos, y lo hemos ratificado, es que esos convenios no afecten la soberanía del vecino" [1]. ¿A qué se deberá tanta calma? De los puntos discutidos en el artículo citado, no creo que el que menciona la inversión social en la frontera sea el que lo alegre, o la posible salida al océano pacífico, si es consciente de cómo tenemos nuestros puertos en ese litoral. No, yo creo que tiene que ver más con la mencionada realpolitik de Santos.

Ésta fue la medida en los gobiernos estadounidenses en las décadas de los 60 y 70, donde ya no se buscaba desmoralizar a la Unión Soviética sino contenerla, y tratar de convivir con ella. Eso parece ser el plan de Santos, lo que va divinamente con los planes del Mico Mandante, al poder ejercer su totalitarismo “bolivariano”, sin que el tradicional aliado de los Estados Unidos en la región lo moleste. Las reacciones no se han hecho esperar de lado y lado en la opinión nacional, los antiguos opositores le aplauden al presidente la voluntad pacifista, y sus seguidores parece que por fin se convencieron de que éste tiene su agenda propia y es distinta a la de Uribe, llegando incluso ya al nivel de la ofensa.

Aunque abogo por las salidas pacíficas como también critiqué el estilo pugilista del ex presidente Uribe, considero que una política de contención no es el medio más adecuado para lidiar con la situación. Se pueden lograr los propósitos y los lineamientos que vienen del gobierno anterior de forma elegante, de hecho, era lo que le hacía falta, el lenguaje de pelea de barrio les quitaba legitimidad a los argumentos. Pero una cosa es ser elegante y otra permisivo, y los problemas en cuestión requieren de autoridad y mano dura ejemplificadas por Uribe, y se esperaba que Santos continuara estas ideas, pero vemos que una vez más por los fanatismos y las precipitaciones los votantes han sido engañados.

domingo, 8 de agosto de 2010

Déjenlos en paz

Un tema controversial que se ha amplificado con motivo del bicentenario son las comunidades indígenas en Colombia. Muchas de éstas reclaman más y más derechos aprovechando el complejo de culpa que se ha propagado gracias a los valores postmodernos promovidos por Hollywood y demás “gente chévere”, donde se supone que existe la obligación de redimir una conquista que se dio hace 500 años. Puedo entender que en los casos de abuso contra ellos se presenten alegatos, como habría de hacerse con cualquier otro ser humano, pero tenemos ante nosotros un dilema que va mucho más allá.

Es apenas comprensible el alegato que a las comunidades indígenas se les respeten sus tierras, sus rituales, sus lenguas, y sus tradiciones; es todo parte del vive y deja vivir. Y es por esto que se tiene una legislación especial en nuestra constitución política para tales fines, y se deben ver medios para establecer comunicación real con ellos, dado que ciertos valores y costumbres occidentales no les atañen, y precisamente en esa confusión cultural es que ocurren los abusos.

Pero como todo grupo al que se le considera oprimido y débil, y ninguno más que este, la cosa ha pasado de dar la mano a tomarse el codo. Por un lado tienen circunscripción especial en el Senado y en la Cámara de Representantes (sigo pensando que el mensaje es que no los sienten capaces de lograr puestos políticos por su cuenta), sino que como toda comunidad expresada como vulnerable ya varios creen que por su condición merecen que el Estado los mantenga sin dar nada a cambio, y  es curioso porque muchos no admiten que el ejército los defienda de los ataques de los grupos armados, porque dicen que Colombia no es su Estado.

Eso sí, piden mucho respeto por lo mencionado anteriormente, con lo cual es difícil no estar de acuerdo, pero hay que ver como es la convivencia con aquellos que vienen de convenio indígena en las instituciones educativas. No les tiembla la voz para hacer sentir lástima a sus profesores y compañeros, para que les rebajen la carga mientras a los demás si se les exige al 100%. Lo siento, si quieren respeto también respeten nuestro valores cuando entran a nuestra comunidad. No me deja de causar gracia el que muchos de los que se gradúan no vuelven a sus respectivas comunidades, sino que ven la forma de establecerse en la ciudad, por algo será.

Aunque obviamente son peores aquellos que se sienten Kevin Costner en “Danza con lobos” o el protagonista de “Avatar” que van y conviven con una comunidad indígena, y vuelven a la ciudad esperando que todos vivamos como ellos, al ser su modo de vida “más sabio” y “más acorde” con la naturaleza. Insisto, en vez de estar fregando a cambiarnos nuestro modo de vivir, por qué no más bien ven la forma de unirse a esas comunidades y demostrarnos que es cierto todo lo que predican. En esto también estoy del lado de los indígenas, debe ser indignante que llegue alguien con una mirada condescendiente, que no tiene idea de nada a meterse en su espacio vital, y que además los use como ratas de laboratorio.

En conclusión lo mejor es dejarlos quietos con sus costumbres milenarias y dejar la condescendencia. Todos tenemos derecho a vivir en primer lugar, y las vidas de los indígenas deben ser protegidas como las de todos los demás; y también todos tenemos derecho a vivir nuestras vidas como mejor nos plazca, pero también debemos aceptar las consecuencias de esa vida. En serio creo que lo mejor es que los dejemos en paz.

sábado, 7 de agosto de 2010

En defensa de la rivalidad

Hoy en Colombia estrenamos presidente, y ya se da inicio oficialmente al gobierno de unidad nacional. Sé que he hecho varias puyas en contra de esta supuesta unidad, la cual me rehúso a pensar que es el “acuerdo de lo fundamental” del que hablaba Álvaro Gómez como dicen algunos, al considerar que dicho acuerdo se daba entre gobierno y oposición, y no como una repartija de cuotas burocráticas. Y no es que esté en contra de nuestro nuevo presidente, todo lo contrario, creo que le vendría bien en su gobierno una oposición inteligente, así yo no esté de acuerdo con esta. Ya les explico por qué.

Existe una razón por la cual las contiendas deportivas emocionan a la mayoría de personas, que es la misma por la cual se han logrado avances en las ciencias, en las humanidades y en las artes. Desde la misma filosofía los grandes pensadores trataban de refutar entre sí sus postulados, y no por nada fue esta la base de la actividad intelectual. No se trata sólo de un argumento económico, de hecho se puede ver que las mejores mentes sobresalen cuando sienten que alguien más puede quitarles su lugar en el mundo, haciendo que se esfuercen más; como también cuando se siente la necesidad de tumbar de su pedestal a alguien que se cree intocable, eso exige mucha preparación.

Es cierto que tales rivalidades han producido hasta el día de hoy cruentos enfrentamientos y grandes guerras, pero precisamente fue por aquellos procesos históricos que se logró consolidar un sistema en el que se permite un “acuerdo de lo fundamental”, la competencia se puede encauzar en algo provechoso, y donde las partes rivales pueden competir sin necesidad de matarse, o tener una que eliminar a la otra; cosa en que muchos han fallado en reconocer y aprovechar. Así como sería aburrido un torneo donde sólo hay un equipo al haber eliminado a todos en el anterior, es poco fructífero tener una sociedad donde todo confluye hacia un solo sitio.

Hoy en día con el advenimiento del postmodernismo, el cual empezó como una alabanza al eclecticismo, se ha vuelto una excusa para relativizarlo todo y no sentar posición alguna, varias personas esperan propagar una idea de no tener idea. Con la excusa de no repetir las atrocidades del pasado pretenden promover el ser una especie de tabula rasa o una veleta al viento, donde la mejor convivencia es aquella donde no existe distinción alguna, y la controversia es inexistente. No admiten que haya distintas habilidades entre distintas personas, e incluso promueven contiendas deportivas donde no se anotan puntos, o de hacerlo le ponen trabas y todos reciben una medalla por participar. Recuerdo aquella frase de “Los Increíbles”: “Todos somos especiales es lo mismo que decir que NADIE es especial”.

No sólo es algo aburrido, sino que además lo encuentro tremebundo. Esas ideas de homogeneidad y una sola idea tuvieron popularidad a mediados del siglo pasado con resultados nefastos, como bien lo retrató George Orwell en su gran obra “1984”. Ahora tal vez no se vea como algo tan pugilista y autoritario, pero tanto hoy como ayer estos propósitos estaban basado en “buenas intenciones”, y si no tenemos a un pueblo hecho maquina de muerte, si tendremos una gran cantidad de entes contentos de sí mismos en una vida mediocre.

Algunos me dirán que eso es algo de Occidente, como si en la India en toda su historia sólo se la pasaron meditando, y China se unificó a punta de taoísmo. Nuestra historia y principalmente nuestra naturaleza nos ha demostrado que logramos grandes cosas no al ser complacientes, sino cuando sabemos canalizar nuestras energías. Porque algunos quieran vivir pasmados al no poder resistir la tensión de una buena competencia, no quiere decir que tengamos que detener nuestro curso. El aprendizaje fue duro pero podemos aprovecharlo para hacer grandes cosas, y el ocio y la pereza no son buenos consejeros.

Precisamente un buen líder muestra lo mejor de sí cuando tiene una buena oposición, y ambas partes respetan las reglas, no cuando está rodeado de zalameros que sólo saben decir que “sí” a todo. No más pregúntenle a Uribe.

viernes, 6 de agosto de 2010

¡FELIZ CUMPLEAÑOS BOGOTÁ!

Y por que algún día volvamos a tener alcaldes capaces, el buen equipo de fútbol te vuelva a representar, y volvamos a ser la Atenas suramericana






jueves, 5 de agosto de 2010

El fin de la civilización

Una obsesión constante dentro de la humanidad es la del fin de los días, la cual por la ampliación dada por los medios de comunicación parece estar rampante a pesar de ya haber pasado el cambio de milenio. La verdad esto no es algo nuevo, para el primer cambio de milenio los cristianos del Medioevo se quedaron esperando el segundo advenimiento, y lo que tuvieron fue el Gran Cisma unos años después; y desde por lo menos el siglo XIX con los milleristas, tenemos grupos religiosos que anuncian el fin de los tiempos con bombo y platillos, para luego quedarse esperando sentados.

Dejando a un lado los aspectos religiosos y esotéricos, al considerar yo que sólo Dios sabe cuando se acaba el mundo, y no importarme en lo absoluto las predicciones de una extinta civilización antigua o los desvaríos de un borracho francés, me llama la atención como en el campo de lo meramente humano persiste el temor a una nueva guerra mundial más cruenta que las dos anteriores,  y cuyos rivales posiblemente tengan una división geográfica dada por Occidente vs. Oriente, pero que tiene más que ver con el cisma anteriormente mencionado que con el meridiano de Greenwich, a pesar de finalizada la Guerra Fría.

Acabo de leer hace poco un artículo escrito por Niall Ferguson, donde el autor comenta la característica predictiva que se le otorgó al ensayo “¿Choque de Civilizaciones?” del internacionalista Samuel Huntington. Esta característica, como bien lo expone Ferguson, le fue concedida a dicho escrito por ejemplificar las civilizaciones en ascenso que protagonizarían los choques contra la civilización judeocristiana u occidental luego de la Guerra Fría. Dichas civilizaciones son la musulmana y la confucianista, y pareciera que con los ataques suicidas y la invasión cultural de los primeros, el impulso económico de los segundos, y la resistencia tanto cultural como económica que les ha impuesto Occidente, se daría el tan anhelado conflicto mundial, dándole la razón a Huntington.

Pero como bien lo señala Ferguson, lo que más hemos visto desde la caída del comunismo ha sido guerras civiles, motivadas más por conflictos étnicos en sí, que por las diferencias entre las civilizaciones que se mencionaron. De hecho, al parecer que estas civilizaciones están basadas en lo religioso, los conflictos religiosos parecen estar dados principalmente dentro de las mismas civilizaciones que entre éstas como es el caso de sunitas y chiitas, o también los “Troubles” en Irlanda del Norte, que aún tienen fuertes repercusiones. Incluso dejando de lado los conflictos bélicos, se pueden notar fuertes divisiones y polarizaciones en la actualidad dentro de las civilizaciones, como es el caso de flamencos y valones en Bélgica, y los múltiples movimientos separatistas alrededor del mundo.

Se pensaba que con la globalización se crearía un mundo más homogéneo, pero lo que vemos es que al supuestamente irse borrando las viejas fronteras aparecen nuevos sectarismos, desde los separatistas, hasta fenómenos aparentemente banales como las tribus urbanas o las rivalidades deportivas, todas clamando por una identidad. Así mismo, también vemos como la guerra ha cambiado, y ya no se trata de las grandes batallas de antaño, sino de enfrentamiento tecnológico y mediático, como también masacres y ataques irregulares. El mundo está cambiando, pero no con las grandes sacudidas que parecen querer varios, el cambio es paulatino, y más vale que estemos atentos a estos cambios, y que sepamos asimilarlos de la forma más provechosa.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Lo que es de todos no es de nadie

Mientras se camina por las calles bogotanas es imposible no notar la cantidad de basura que hay regadas por éstas. Cada vez que tengo la oportunidad de regresar a la Universidad Nacional, así sea de paso, no deja de sorprenderme que cada vez esté más deteriorada y vuelta nada, y ni hablar de las otras universidades públicas. En un país que aún busca su identidad, y que una consecuencia de ello es una marcada falta de pertenencia, se cumple aquello que reza en el título del presente artículo.

A pesar de que se insista que “el Estado somos todos”, lo cual no es más que una gran falacia de los colectivistas, las escenas anteriormente mencionadas y muchas otras acusan entre otras cosas primero el descuido y la falta de consciencia que abunda en nuestra sociedad, pero en particular la incapacidad del Estado para desempeñarse más allá de las funciones que le corresponden. De hecho, si tomamos como funciones básicas de un Estado el orden, la seguridad, la justicia, y podríamos incluir la infraestructura, en el caso colombiano vemos que difícilmente cumple con estas, y aún así se espera que cumpla aún más ¿Para qué? ¿Para tenerlo todo hecho trizas?

Si tomamos en cuenta a las ya mencionadas universidades públicas, las cuales no sólo muestran un visible deterioro, sino que además parecen estar en eterna quiebra, y ser el refugio de entes saboteadores como los sindicatos, grupos que protestan por cuanta cosa, e incluso se sospecha de la infiltración de grupos subversivos ¿Cómo puede funcionar algo así? Tiemblo al pensar que de tener un accidente me atiendan en un centro médico o un hospital que funcione como nuestras universidades públicas. Probablemente haya buenos médicos, pero los equipos estarían desactualizados, las instalaciones derruidas y grafiteadas, y la atención pésima. Es más, considero temible que cualquier aspecto de mi vida se vea manejado de esta forma por la excusa del “bien de muchos”.

Aunque les duela aceptarlo, las mejores cosas se ven cuando son propiedad de alguien, y dicha persona no sólo está encargada del cuidado de ésta, sino que también siente cierto temor de perderla. Por eso no sirve de mucho que las empresas pasen a manos privadas si no tienen competencia alguna que genere el mejoramiento del producto o servicio de la empresa, ya que su(s) propietario(s) tendrán que mejorar su producto para no ir a la quiebra. Es por esto que el concepto de estatalización es tremebundo, sumándole al descuido mencionado, el hecho que las empresas públicas sólo necesitan un aumento de los impuestos para mantenerse como están (sin mejora alguna), y la siempre mencionada corrupción de sus funcionarios.

Es verdad que  una buena parte de la población colombiana no tiene acceso a las empresas privadas, pero ello no significa que se deba tener una institución mediocre que supla someramente sus necesidades sin tener en cuenta su opinión, y que para sumarse al ciclo vicioso no van a apreciar. Más bien se trata de generar la forma en que puedan acceder a los servicios que mejor se ajusten a sus gustos, y que sepan apreciar tal oportunidad.

lunes, 2 de agosto de 2010

Comunicación para todos

Hay una frase de Voltaire que me encanta, y he tratado de vivir acorde con ella es “No estoy de acuerdo con lo que usted tiene que decir, pero defenderé hasta la muerte con su derecho a decirlo”. La encuentro genial porque encuentro sano el que las personas puedan expresarse, y nada mejor para un debate de ideas el que sus integrantes tengan ideas encontradas, y no sean un montón de borregos repitiendo lo mismo. También me parece genial porque deja claro que se puede estar en desacuerdo, porque parece que hoy en día se piensa que porque uno tolere algo distinto se crea que ya se aceptó con los brazos abiertos, o que uno tenga que quedarse callado cuando se oyen tamañas desfachateces (nada más alejado de la realidad).

Siguiendo este orden de ideas he de decir que encuentro reprobable la censura, pero que ciertos contenidos se debe procurar mostrarlos en espacios adecuados. No veo problema alguno en que alguien vea la forma de expresarse por el medio que le sea posible, sea este electrónico, impreso, radial, visual, etc. Está en mi responsabilidad como ser humano pensante y como ciudadano, el saber elegir, juzgar, valorar e interpretar la información que me llega, como también aquella que genero o reproduzco. Es más, algo que rescato mucho de la cultura punk es el DIY (“Hazlo tu mismo” por su sigla en inglés), si no existe el medio que expresa mis ideas, yo mismo lo creo, más teniendo en cuenta que hoy en día es muy fácil hacer eso.

El senador Jorge Robledo el día de hoy ha demostrado el calibre de la izquierda en una reciente declaración, donde anuncia que enviará una carta a la Comisión Nacional de Televisión CNTV, pidiendo que la administración del tan peleado tercer canal quede en manos de la oposición. Las razones a las que alude el congresista son que la televisión se encuentra altamente politizada y guiñada a favor del oficialismo, y que en la Constitución existe el derecho a la libre expresión y al pluralismo informativo.

He de admitir que no veo mucha televisión nacional, pero la impresión que me llevo de los canales privados es esa, que son muy oficialistas pero al fin y al cabo son empresas privadas que verán que publican, igual tengo la libertad de cambiar de canal o apagar la televisión si lo que veo no me agrada. Así mismo la impresión que me llevo de Noticias Uno, noticiero presentado en canal público, es decir, pagado con el erario, es que es de un corte opositor. De hecho, su director es Daniel Coronell, conocido periodista de la oposición, cuyas columnas llegan a veces al nivel del lloriqueo, y de hecho tal noticiero goza de una fama negra entre los sectores oficialistas. Bien podríamos decir que el necesario espacio para que se manifiesten existe, incluso a costa del bolsillo de los ciudadanos.

Y digo que Robledo ha demostrado el calibre de la izquierda porque la raíz de su petición se encuentra en aquel cuentazo de la “libertad positiva” que se inventó la izquierda, donde los individuos no tienen la libertad de desarrollar su vida como considere más adecuada, sino que el Estado debe proveer lo básico para que eso se dé, y como bien se ve acá aún no se ponen de acuerdo en que es “lo básico”, y lo más probable es que la lista aumente, no disminuya; parecen no tener en cuenta que no hay nada gratis en la vida, y para recibir del Estado hay que entregarle algo a cambio, muchas veces la misma libertad.

Si tanto les interesaba el tercer canal ¿por qué no entraron a la pugna por este desde un principio? Un vez más sale a flote el espíritu saboteador de meter la cucharada cuando ya parece solucionarse el problema. Y bien lo pudieron haber hecho, con todos los dineros e influencia que mueven los principales auspiciadores del Polo, los sindicatos ¿algo podrían haber hecho? Queda demostrado por enésima vez que el problema no es tanto pobreza material, sino pobreza mental, el siempre sentir que por cuenta propia no se puede hacer nada, y vuelvo y me remito a Voltaire: “Dios nos concedió el regalo de la vida, depende de nosotros dar el regalo de vivirla bien”.

domingo, 1 de agosto de 2010

¿Qué es lo justo y equitativo?

A continuación el economista experimental Bart Wilson nos da una visión sobre estos conceptos que abundan en el léxico de los políticos y de muchos "rebeldes"