Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

El cierre de año en Bogotá

Ahora en la víspera de navidad, cuando miro a mi ciudad enloquecerse por las fiestas como es usual, y por lo tanto ver mayor criminalidad, ya son varios los atracos que he presenciado, aunque reconforta saber que con una persona que esté dispuesta a enfrentar a estos delincuentes, los demás se solidarizan y por lo menos se ha logrado atrapar algunos de ellos. También cuando camino por las calles, miro las obras que arrancan en cualquier momento pero nunca se saben cuando acaban y que hacen que los bogotanos nos refiramos burlonamente a nuestra ciudad como la “eterna obra gris”. El lío es que en alcaldías anteriores se justificaban las obras (y algunos la corrupción) porque se veían resultados, hoy en día tenemos obras y corrupción pero cero resultados ¿cómo detenemos a estos delincuentes?

Después de las alcaldías intercaladas de Mockus-Peñalosa-Mockus, donde la ciudad empezó a tomar un carácter distinto al hueco gris y frío donde abundaban los ladrones, llegaron las alcaldías del Polo Democrático, bastión de la izquierda trasnochada en este país las cuales dieron fuerte reversa a los logros anteriores. No sé si fue el discurso demagógico y veintejuliero que suele enarbolar a este partido, el hecho que Bogotá fue uno de los bastiones anti-uribistas durante los últimos ocho años (aunque eso lo dudo),  o simplemente una combinación de ambas; pero el hecho fue que tuvimos que sufrir primero a Lucho Garzón, y estos últimos años a Samuel Moreno y su inconmensurable ineptitud. Ahora tenemos más inseguridad, más obras a medio terminar, y un regreso al descontento anterior.

Alguien cercano que trabaja en una de las empresas públicas de la ciudad me comentaba como por cada contrato el alcalde saca tajada. Además de eso, el cargo mayor en la capital demuestra en la práctica a que se refería Maquiavelo cuando decía que al Príncipe lo miden por sus resultados sin importar como los logre. Siguiendo este argumento podremos ver que algo así fue la alcaldía de Peñalosa: tres años de grandes obras y muchas controversias, pero que en su último año fueron justificadas las primeras y olvidadas las segundas cuando se estrenó Transmilenio y se vio la recuperación de varios parques. No me parece disparatado pensar que nuestro actual burgomaestre le apostara a la estrategia de Peñalosa, mientras cobraba comisión por ello.

Por lo tanto, encuentro totalmente acertada la declaración del Auditor General cuando asegura que el alcalde es responsable de toda contratación que se haga. Lo tragicómico del asunto es que pareciese que el Auditor simplemente declara lo obvio, pero como bien señala el artículo referenciado, nadie asume responsabilidad por los sucesos recientes de corrupción en las obras, más específicamente la contratación con el grupo Nule. No es que yo crea que el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) sea inocente en todo este escándalo, pero es increíble el descaro de Moreno, y hay que decirlo, de nuestra clase gobernante la cual pareciese que nunca quiere hacerse cargo por sus desatinos.

Claro, se recibe con beneplácito el que le embarguen sus bienes a Samuelito y que se considere la misma penalización para Garzón, varios sentimos eso como un acto de justicia por sus malos gobiernos, y pueda que eso responda al interrogante que formulé anteriormente. Pero ojo, hay que tener en cuenta que dichos embargos no cubrirán totalmente los huecos fiscales creados por estos desfalcos. Lo más grave del asunto es que una vez más nos vamos a quedar con los crespos hechos en vía de ser una gran metrópoli mundial, y no se trata simplemente de un prestigio como tal, la idea de tener una ciudad avanzada es que esta genera confianza, y si hay confianza se logra que los extranjeros inviertan en la ciudad, que de otras regiones también inviertan, y lo que sería mejor, que los bogotanos salgamos de nuestra clásica renuencia e invirtamos en nuestra ciudad. De esta forma es que se logra crear empresa y por lo tanto reducir los índices de desempleo y todo lo que ello conlleva, de otro modo, no le veo el sentido a repartir migajas como pretende la tan mentada “justicia social”.

Ya desde hace unos meses se mueven las aguas de las elecciones en Bogotá. No sólo voy a hacer mi usual recomendación de no volver a votar por el Polo, sino a hacer un llamado a los bogotanos de pensar bien su voto, no nos debemos encandelillar ya por aquel que prometa más y más obras, sino que más bien les dé finalización adecuada a las existentes, y además haga una “limpieza de casa”, y con esto me refiero a que ajuste las cuentas del erario capitalino, y además proponga estrategias claras para reducir la creciente inseguridad en nuestra ciudad. No creo que alguno de los futuros candidatos proponga esto, y de hacerlo, seguramente se verá opacado por las promesas demagógicas de siempre. Feliz Navidad Bogotá.

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