Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

domingo, 5 de diciembre de 2010

A dañar la autoestima

Desde la antigüedad ha existido la figura del héroe, un ser humano extraordinario quien realizaba hazañas increíbles y era admirado por sus congéneres. Claro, en los relatos de épocas remotas se les daba un carácter semidivino y dichas hazañas superan los límites de la realidad y de lo creíble, pero así mismo, a pesar de sus grandes súper poderes llevaban vidas trágicas y los retos que superaban estaban a la altura de sus habilidades sobrehumanas. Hércules, Cú Chulainn, Gilgamesh o Sun Wukong entre otros enfrentaban situaciones espectaculares, y además demostraban sentimientos puramente humanos con los cuales los “simples mortales” pueden sentirse identificados, particularmente aquellos que les daban cierta falibilidad.

Algunos pensadores de todas las áreas como el mitólogo Joseph Campbell señalan como en nuestros días tenemos sustitutos de esas figuras heroicas en las figuras públicas o celebridades que admiramos, o incluso en los superhéroes de las historietas. No voy a hacer la acostumbrada crítica a estas figuras, porque reales o no, considero que algunas sí corresponden a ese papel, pero así mismo ya empiezan a aparecer aquellas que reflejan estos tiempos “postmodernos”.

Digo esto porque hoy en día parece que en muchos casos lo que se promueve es una inversión de la historia heroica. Donde antes los héroes ganaban reconocimiento y admiración por sus logros, ahora la idea es que hay que darle a la gente reconocimiento desde antes para ver si hacen algo bueno en sus vidas. Para tal efecto se inventaron aquello que llaman “autoestima”, y se ha convertido en la muleta psicológica de muchos. Con tal de no dejar traumatizados a la “grandiosa” generación de los “niños índigo” (o algún otro cuentazo), los regaños, castigos, penitencias y demás reprimendas quedaron de lado, y tenemos a toda una generación que cree que tiene derecho a todo, y ay de aquel que se atreva siquiera a levantarles un poco la voz. Así tenemos niños que hacen lo que se les da la gana, que en sus torneos deportivos reciben premios sólo por participar e incluso no tienen puntajes para que no haya “ni ganadores ni perdedores”. Hasta hace poco vimos como en nuestro sistema escolar lo difícil era tener que repetir un grado, no ganarlo.

La consecuencia natural de esto es que ya empezamos a ver adultos frustrados cuando se dan cuenta que en la realidad hay que trabajar duro para lograr aquello que se quiere, y no basta con sólo desearlo. No por nada aumentan los suicidios, o cuando menos gente que ya deambula sin saber qué hacer con su vida. Y en particular en Colombia hemos visto como la cultura del “dinero fácil” propagada por la era de los grandes carteles, hace que ahora muchos esperen hacerse millonarios con solo apretar un botón, y dar por sentado aquello que se tiene. Y eso me lleva a otro punto, la creencia ahora generalizada que por el simple hecho de existir todo debe serles dados como derecho, y que estos no tienen ninguna responsabilidad adjunta.

Si nos damos cuenta, aquellas personas que admiramos por sus éxitos no llegaron hasta ahí porque sus papas satisficieron sus caprichos, al contrario, en algún momento se encontraron en momentos difíciles, y primó en ellos la necesidad de demostrar su valía, no esperar que se les reconociera sólo porque no se les dañara su autoestima. Además, a pesar de sus posibles defectos, demuestran valores como la disciplina o la persistencia. Tal vez no todos estemos para grandes hazañas, pero la satisfacción de haber logrado algo por esfuerzo propio es bastante grande, y hace que uno aprecie más lo que tiene.

Aunque no apruebo del maltrato infantil, y si creo que los padres deben dar muestras de cariño a su progenie, tomaré las palabras del comediante George Carlin : “Si los estamos educando para la vida, traumaticémoslos desde ya”.

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