Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Ojo con los altos ideales

“Los hombres cometen siempre el error de no saber poner límites a sus esperanzas.” –Nicolás Maquiavelo.

Cada vez que le muestro esta frase a alguien cercano, oigo el rechinar de sus dientes, aún más al saber quién es su autor. Por mi parte considero que la frase y las reacciones que produce son una muestra más del genio incomprendido de Maquiavelo; particularmente en esta época de “grandes ideales”, donde se ha llegado a interpretar que con sólo desear las cosas estas se dan por sí mismas. Aclaro, no se trata de no tener esperanzas o ideales, sino de darles una adecuada proporción, porque ya la historia nos ha dado varios ejemplos de los resultados debidos a los excesos de las “grandes ideas”, y ni siquiera han pasado 100 años desde que estos se dieron.

A pesar de las lecciones aprendidas, y de que generaciones anteriores acusan a las actuales de ser muy conformistas, hay que tener en cuenta que el rasgo acusado en el párrafo anterior, donde lo que parece a ratos primar es el deseo de que las cosas se arreglen con sólo apretar un botón. Eso en el plano individual no es tan preocupante, al llevar en la mayoría de casos a la frustración y a la inactividad, o en el mejor de los casos a aprender la lección y embarcarse en metas más sensatas. Lo peligroso se da es en el ámbito socio-político, donde suelen venderse grandes utopías más basadas en planes imaginarios que en la realidad.

Una de las fallas graves de este tipo de planteamientos, es que prometen grandes cosas ya sea a toda la humanidad (socialismo, comunismo) o a un grupo determinado de ésta (nazismo, corporatismo). Entre estos se encuentra: que todos van a recibir lo justo y necesario, y de esta forma se va van a ser felices, y nadie va a tener necesidad de agredir al otro al cumplirse estas dos primeras premisas. El primer error que salta a la vista acá es la idea de que todos los seres humanos tenemos exactamente las mismas necesidades, y por consiguiente que nos conformaremos a esos mínimos que alguien más ideó. Además, se parte de la premisa de que todos los seres humanos somos buenos por naturaleza, sin tener en cuenta que la experiencia tanto personal como histórica, nos enseña repetidamente que hasta el más noble puede sucumbir en un momento de grave debilidad, y otros no tienen ningún reparo en aprovecharse de la situación para beneficiarse a sí mismos, incluso teniendo lo que se podría considerar como básico para cualquier persona.

En ese orden de ideas, es de notar como los pensadores que alimentan estos ideales, ya sea Marx, Gramsci, u otros, parten de la idea de que eventualmente habrá alguna especie de revolución, lucha, u otro tipo de evento violento que lleve a tal utopía; y así lo aseveran incluso en los debates políticos serios. Pero lo que vemos en la realidad, es que tales choques no se dan, y si se dan, no es de forma espontánea, sino que es motivada por aquellos que leen y promueven dichos textos, y hemos visto como aquellos resultados son nefastos. Además, caen en otra contradicción, porque según ellos todos serán libres e iguales, pero obligan de forma violenta a hacer parte de dicha igualdad, y dicha igualdad no trae la tan anhelada felicidad sino miseria.

Por otra parte, no se trata de caer en un pragmatismo en extremo, empezando porque como he acusado antes, toda acción tiene un trasfondo ideacional. Se trata más bien de tener en cuenta que cada ser humano es distinto, y por ende sus necesidades y aspiraciones van a ser distintas a las de los demás; pero, así como cada uno tiene derecho a éstas, también tiene el deber de suplírselas, mantenerlas y cuidarlas, y es un hecho que toda persona emplea todo medio posible para lograr este cometido. Y no se trata de que cada quien corra por su lado pasando por encima de los demás y degenerar en la anarquía, cómo lo intentaron explicar los contractualistas se requiere de un gobierno que arbitre y evite los abusos entre individuos, y para tal cometido, no puede ser una institución débil a la que sea fácilmente obviar. Así mismo, tal gobierno debe ser mirado con sospecha, más aun cuando promete grandes bondades, porque a pesar de su poder, es incapaz de tener en cuenta y conocer a fondo todas las minucias de las relaciones humanas como para pretender poder dar una dirección adecuada a éstas. No puede haber libertad si no hay orden entre las personas, pero el orden por el orden lleva a las mismas consecuencias de las grandes utopías.

Por lo tanto, hay que mirar con detenimiento las grandes promesas y los grandes cambios que parecen atractivos a primera vista. Los seres humanos y sus creaciones son organismos que evolucionan, y cuya evolución se puede dirigir más no controlar o acelerar, al ser los efectos como hemos visto nefastos. Con unos ideales temperados y factibles, más trabajo duro y disciplina, es más probable que logremos mayores resultados como humanos, personas, ciudadanos, y sociedad; a que las cosas lleguen simplemente por una deducción “racional”, y se nos corte a todos con la misma tijera.

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