Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

martes, 30 de noviembre de 2010

Nuestra deficiente rama judicial

Una de las victorias del Individuo frente al Estado fue la creación de la justicia independiente. Ya los individuos no estarían sujetos a los caprichos del déspota de turno, sino que habría una institución que se encargaría de interpretar las leyes escritas, reunir pruebas, y ayudar en la resolución de conflictos ya sea entre particulares o entre particulares y las instituciones. Si se mira más allá, se puede uno dar cuenta que incluso en países como el Reino Unido donde la separación entre Legislativo y Ejecutivo no es tan clara, existe un órgano judicial independiente.

Es por ello que una de las grandes fallas que muestra nuestro país en materia institucional es el hecho de no tener una justicia efectiva. Son varios y notorios los casos de impunidad, ya sea en los casos de magnicidio como en delitos comunes. Y tal vez sea por eso que en Colombia nos hemos acostumbrado a prejuzgar a la gente; a desconfiar de cualquier providencia que dicten los tribunales; que sean los periodistas, o supuestos periodistas, como “Julito” y Félix los que hagan juicios públicos y condenen y premien a su antojo, y lo que es aún peor, que el concepto de presunción de inocencia, clave en cualquier proceso justo, sea desconocido tanto por el ciudadano de a pie como por los personajes públicos.

No es que la rama judicial esté exenta de la política, al fin y al cabo se trata de una de las ramas del poder. De hecho, es común en varias democracias que los jueces de derecha tengan una interpretación más estricta de las leyes y sean más duros en sus sentencias, así como los de izquierda tengan unas interpretaciones más libres y sean más blandos en sus sentencias. Lo que es inconcebible es el hecho que los mismos jueces, sin importar su tendencia política, tengan sesgos ideológicos o de otro tipo en sus funciones, se pasen por encima de las leyes, y tengan en jaque el buen funcionamiento de las demás instituciones. Y eso es lo que hemos estado viendo desde hace unos años por parte de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), órgano encargado de la justicia ordinaria, los cuales parecen querer montar un gobierno desde los tribunales.

Empecemos con el prevaricato por omisión incurrido con la interminable prorroga en la elección de fiscal, la cual estaba diseñada para que de la terna enviada por el presidente saliera aquel que va a investigar al siguiente alto mandatario si se da el caso; en ningún lugar de la Constitución o de código de leyes alguno dice que la CSJ puede rechazar una terna si no se atañe a sus gustos, o como ellos alegaron, la encuentran “inviable”. Menos mal parece que ya mañana tendremos fiscal nuevo, pero ya el daño está hecho. Gracias a este prevaricato ahora vamos a tener que el presidente de turno va mandar la terna de donde saldrá aquel que lo investiga a él mismo. Lindo ¿no?

Ahora bien, muchos incendiados por la opinión pública claman sangre por los hechos ocurridos en la Toma del Palacio de Justicia y los escándalos alrededor del DAS. Y ese clamor por sangre se ha agravado desde que Panamá le concedió el asilo a la ex directora del DAS, María del Pilar Hurtado, lo que muchas acusan que es otra muestra de la impunidad reinante. Claramente en los sucesos y la institución mencionados al inicio del presente párrafo tienen varias ollas podridas, y si hay pruebas fehacientes en contra de los involucrados estos deben ser enfrentados ante los tribunales, y por muy criminales que hayan sido sus actos, tienen el derecho a la presunción de inocencia, a un debido proceso y a una legítima defensa. De no ser así, estaríamos justificando la justicia del más fuerte y devolviéndonos varios siglos en la historia. Pero, con la declaración de Jaime Arrubla, actual presidente de la CSJ, donde declaró culpable a Hurtado antes de cualquier juicio, les puso en bandeja de plata a los uribistas para acusar persecución política, y que un gobierno extranjera viera precisamente esa persecución, concediendo un asilo. La verdad, viendo los antecedentes de esta corte, creo que si el río suena es porque piedras lleva.

Definitivamente no hemos podido lograr una nación donde las instituciones respondan a las leyes y no a los intereses particulares, y el resultado de ello es que cada vez más perdemos institucionalidad y volvemos a la ley de la jungla. El acercamiento que hace el actual presidente con las cortes no parece ser un llamado al orden, sino más bien ceder en sus pataletas. Mientras no se establezcan controles estrictos a las tres ramas, y que a la vez les aseguren su independencia, se nos vienen largos años de inefectividad estatal la cual afecta principalmente a todos y cada uno de los colombianos.

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