Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

viernes, 24 de septiembre de 2010

La cosa con China

Como parece ya ser costumbre, hoy ha sido otro viernes donde asistí a una conferencia sobre relaciones internacionales; el tema de hoy: comercio entre Colombia y China. La verdad, con un mínimo de información no hubiese sido necesario traerse a una profesora de una universidad en California, por lo menos yo no sentí que hubiese aprendido mayores novedades: China nos vende manufactura, nosotros le vendemos materia prima, cosa que nos es desventajosa, además de estancar nuestro sector industrial. Tampoco es un secreto para nadie que China viene con toda, y ya muchos proclaman, algunos con cierta alegría, en que China se convertirá dentro de poco en la nueva potencia económica del mundo.

No es que no sea posible, pero esas predicciones pueden ser un tanto aventuradas, mismo se decía de Japón hace más de 20 años, y ya vemos que no fue ese el caso. Claro que China ahora es más llamativa que Japón, al ser su cultura aún más misteriosa debido a su encierro de siglos ante el resto del mundo, y en este caso particular por la forma en que adaptó su economía. Mientras Japón adaptó el mundo corporativo a s vieja tradición de clanes, China comenzó con un  comunismo agrario (ya de entrada algo contrario a las propuestas de Marx), y luego con Deng Xiaoping se fue por una corriente fuertemente pragmática, y ahora se habla de “dos sistemas, una economía”. Con una serie de medidas poco ortodoxas, China ha logrado posicionarse como la segunda economía ¿pero a que costo?

Si bien es cierto que muchos, si no todos, los milagros económicos tuvieron entre sus factores el hecho que empezaron teniendo mucha mano de obra barata disponible. Pero si bien China por un lado tiene mucha mano de obra barata, y me refiero a muchísima, parece que nadie se ha puesto a pensar que tal explosión demográfica pueda ser igual a la de un enjambre de langostas o una manada de leminos; de tantos que son sus propios recursos, ni aquellos que importan con tanto ahínco de Latinoamérica, no les darán abasto algún día y eso puede colapsarlos desde adentro, cosa que los llevo a un fuerte control natal. Por otro lado, y siguiendo con la idea anterior, precisamente los chinos no tienen mayor control sobre sus vidas, y el Estado controla incluso temas tan íntimos. Ni siquiera tienen la capacidad de elegir a sus gobernantes, así sea en el papel, y lo más asombroso es que algunos amigos me dicen que les parece más práctico, al no perder tanto tiempo en esas cosas.

Este último comentario me alertó bastante en principio, pero hoy en día leyendo un poco a Samuel Huntington, me doy cuenta que para una mentalidad latina tal vez si tenga más sentido. Según este autor, Latinoamérica evolucionó aparte del resto de occidente bajo una cultura autoritaria y corporativista. Si bien no se puede generalizar, eso podría explicar nuestra inclinación por las dictaduras, el siempre estar esperando cosas del Estado, Los Leopardos, las “clases políticas”, etc. Entonces no es descabellado pensar a futuro que se quiera implementar el modelo chino por estas tierras, más cuando parece dar tremendos resultados inmediatos.

Y por debajo de cuerda esto tal vez era la propuesta de la expositora, que como buena economista californiana, aseguraba a viva voz que el desarrollo económico sólo es posible con la intervención del Estado. Incluso llegó a aseverar que la “adecuada” intervención del Estado colombiano en su economía, ha sido la que logrado los “grandes” avances en nuestro país. Al parecer ella no ha probado los productos de nuestra “clase económica”, como la cerveza Bavaria, o las gaseosas Postobon.

Claro que también se puede esperar que de intentar adaptarse este modelo en nuestras tierras, la cosa no sea tan maravillosa. Ya hemos visto como los chinos se han apropiado de tecnología y otro tipo  de manufactura de alto nivel, y es eso su principal producto de exportación, mientras acá nos regocijamos de un posible boom de materia prima. Gracias a la intervención de uno de los representantes en la conferencia, supimos que China sí quiere invertir en Colombia, de hecho ya hay varias empresas chinas en Bogotá por lo menos, pero el ponente aludió que las diferencias culturales han impedido que esto se lleve a cabo tanto como quieran ambas partes. Dicha diferencia se da porque los chinos no entienden el por qué de tanto papeleo, permiso, y demás para firmar un contrato en nuestro país. Pero frescos, la intervención estatal es el camino.

Siento haberles presentado un artículo con un tinte algo amargo, pero además de ciertos asuntos personales el mirar las proyecciones de nuestro país, y las trancas que él mismo se pone no dan espacio para más. Incluso 200 años después de la primera “independencia”, aún no sabemos qué rumbo tomar, y no hemos sabido explotar ni los recursos ni el capital humano del que tanto hacemos alarde. Así como otros países, entre esos China y los tigres asiáticos, sería grato que por fin encontrásemos dicha meta, y yo seguiré haciendo mis humildes propuestas desde este blog.

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