Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El eterno elogio a la estupidez

De tener conocimiento alguno ¿Construiría usted su casa junto a un volcán? ¿Se instalaría en un apartamento en las inmediaciones de un aeropuerto, donde se oye con mucho volumen el ruido de los aviones? ¿Se mudaría a una casa junto a una fábrica que emite malos olores? Uno creería que la respuesta de cualquier persona con mínimo dos dedos de frente, y algo de sentido común, sería negativa, pero como de todo hay en la viña del señor no faltan aquellos que a pesar de toda advertencia, persisten en estas conductas. A mí en lo personal no me molestarían estas prácticas de no ser porque no sólo se cometen actos de estupidez, sino que además se espera que todos paguemos por ello.

Hoy salió a flote en clase el hecho que el aeropuerto se vio forzado a poner barreras de insonorización para no violar el derecho a un ambiente sano de las personas que viven cerca a éste, además, el Estado se encargó de instalar en dichas viviendas los aditamentos adecuados para que dichas personas no sientan tanto el ruido (creo que no hace falta recordarles a mis lectores de dónde sacó el Estado los recursos para tal fin). No dudé en hacer una intervención en clase preguntando por qué debía salir del erario público el dinero para reparar las acciones estúpidas de otros, teniendo en cuenta que en algún momento de la historia el aeropuerto se encontraba aislado de la ciudad. El profesor, un abogado bastante experimentado, nos explicó que ahí hubo una falla de servicio por parte del Estado al haber permitido que se edificara en esa zona.

Bueno, en el caso de zonas de riesgo sísmico o vulcanológico, no siempre es evidente el que existan dichos riesgos, y sí se podría alegar que el Estado debería informar de forma pertinente y adecuada dichos riesgos, y evitar a toda costa el que alguien viva cerca a ellos; esto teniendo en cuenta que una de las funciones básicas del Estado es la seguridad de sus habitantes. También es distinto si alguien habita en una zona adecuada, y tiempo después al lado suyo se instala una fábrica que emite gases tóxicos, ruidos fuertes, o alguna otra cosa perjudicial para la salud de sus vecinos; éste caso representa más bien un abuso por parte de la fábrica.

Pero el irse a vivir a un sitio donde los riesgos son evidentes, haya una advertencia del Estado o no, no es una violación a un derecho fundamental sino un caso rampante de estupidez. Estupidez que se ve reforzada por su eterna compañera, la terquedad, al no querer muchas de estas personas reubicarse a un lugar más seguro al establecer de entrada cierto arraigo, además de aprovechar un Estado que además de ser mal administrador e ineficiente, es débil en más de un sentido, y se deja embaucar en estos casos de “falla del servicio”, y resultamos pagando todos por la desfachatez de unos pocos.

La cuestión no sólo se limita a cuestiones de vivienda, ya vimos hace poco como un personaje público al que los medios le hacen mucho bombo, pero que yo prefiero no nombrar para no darle la atención que tanto ansía, intentó pedir una indemnización que más parecía un desfalco al Estado, por las consecuencias de un acto estúpido que llevó a cabo a pesar de todas las advertencias. O también como aquellas personas que llevan una vida de excesos, y luego esperan que el Estado les cubra sus errores.

Me produjo mayor regocijo el saber que a la ciudadana alemana que su país rescató de la guerrilla, se le cobró una multa por su rescate al haber pasado por alto una advertencia dada, y que en algunos estados de Norteamérica se le cobra el costo del rescate a aquellos buscadores de emociones que hacen caso omiso de las señales de advertencia. No creo que sea una medida muy difícil de implementar acá ¿o sí?

Ni modos, escudada en una mala interpretación de lo que son los derechos, una buena parte de la población llevará una vida de “víctima”, y hará hasta lo imposible por achacarle sus propios males a los demás. Lo único que se logra es darle más aliciente y poder a un Estado paternalista, al cual le conviene más dirigir a unos nenés malcriados, que a una sociedad de adultos responsables.

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