Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

domingo, 5 de septiembre de 2010

De reformas y otras vainas. Parte IV.

OK, sí ya sé, dije que de momento cerraba este ciclo sobre reformas constitucionales, pero siguiendo lo expuesto en el primero de estos artículos, al parecer la presidencia actual quiere dejar un marca en la historia, y con ello me refiero a tremenda marca. Por esta razón me veo en la necesidad de retomar el tema y  hacer una cuarta parte sobre las reformas pendientes a nuestra constitución política; el tema parece superfluo, pero en realidad considero que hay más de lo que se alcanza a ver a simple vista.

Los abogados constitucionalistas dividen los artículos de una constitución en cuatro categorías: parte orgánica, parte dogmática, parte neutra, y cláusulas de reforma. La primera trata sobre la forma en que está organizado el Estado, la segunda sobre los derechos y deberes de los ciudadanos, y la tercera, que es a la cual quiero hacer mayor referencia en el presente artículo, son aquellos artículos que no corresponden a ninguna de las categorías anteriores pero que el constituye considera de una importancia tal que le da el carácter de constitucional (aunque no siempre sea claro el por qué). Es de suponerse que en una constitución de 380 artículos una parte considerable de éstos caigan en dicha categoría.

Algo que caracterizó a la Constitución de 1991 fue la creación de un montón de instituciones anexas al Estado, el cual no depende de éstas para su buen funcionamiento. Por lo tanto los artículos 76 y 77, los cuales reglamentan nuestro espectro electromagnético y además dieron pie a la creación a la Comisión Nacional de Televisión, CNTV, bien podríamos clasificarlos como artículos neutrales. Por un lado no se está hablando de derecho alguno del cual gocemos los colombianos, y por el otro no se trata de una organización del Estado, ya que el espectro electromagnético bien puede ser regulado y legislado por un código de leyes, y la CNTV es de eso anexos del Estado que ya parece un tumor cancerígeno.

Digo esto porque desde su creación la CNTV no ha sido más que un constante dolor de cabeza tanto para el gobierno colombiano, como para nosotros los ciudadanos. Desde unos ridículos anuncios a los cuales nadie hace caso, empezando por las mismas programadoras que en sus telenovelas importadas del mediodía y la tarde anuncian que “no contienen escenas de sexo o violencia”, a pesar de que las imágenes muestran lo contrario, pero sí penalizan a la Arquidiócesis de Tunja por transmitir una misa sin dicho anuncio; hasta terminar por todos los embolates causados hasta el día de hoy por la licitación del tercer canal (algo que insisto debería ser una transacción rápida y abierta a más empresas).

Eso sí, como era de esperarse la terminación definitiva de este mal uso del erario ya causó controversia. Nunca faltan los “abnegados” congresistas que consideran que en vez de erradicarla de tajo (y sin dolor), hay que “mejorarla” en pro del desarrollo, o que hay cosas más urgentes como la pobreza, la salud, etc. Y pregunto yo: ¿No sería mejor acabar tal despilfarro para invertir ese dinero en proyectos sociales (si viran a la izquierda), o para así considerar una reducción de impuestos y mover un poco la economía (si viran a la derecha)? No es ingenuo pensar que no es tanta la consciencia social de nuestros congresistas, sino que en dicha comisión se juegan varios intereses personales.

Por lo pronto un aspecto positivo que saco de este dilema es que se trata de una muestra más de cómo el Estado es tremendamente ineficiente para encargarse de los aspectos que van más allá de sus funciones básicas. Es realmente penoso y enojoso ver que en aras de unas “buenas intenciones”, se gaste dinero en un instituto inefectivo y para más rabia inoficioso, y además aún se tenga una programación de tan baja calidad y monopolizada. Y lo peor de todo, que los afectados con todo esto somos los contribuyentes.

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