Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

jueves, 2 de septiembre de 2010

De reformas y otras vainas. Parte II.

Muchas veces se comete el error de pensar que algo está ya cerrado, o que por lo menos no volveremos a saber de ello en mucho tiempo. Bueno, en un país cuyo lema es “Colombia es Pasión”, es decir, se obra de manera irracional, es un craso error el pensar que algo realmente llega a su fin, de hecho podría decirse que en Colombia se mantienen muchos eventos inconclusos, y esa es la causa de muchos, si no todos, nuestros problemas. Siguiendo con esta línea de artículos sobre reformas constitucionales y sus consecuencias, trataré un tema que nos dio recientemente muchos dolores de cabeza y ahora trae uno nuevo.

Dada la tentación del caudillismo imperante en Latinoamérica desde sus inicios, dada la fuerte influencia napoleónica de nuestros próceres, se ha procurado restringir el tiempo de duración de una persona en el poder, incluso aquí donde no hemos sufrido de dictaduras tan repetidas, fuertes y prolongadas como nuestros vecinos. Como es de notarse, en la región subsiste esa tentación en algunos países, y parecía asomar su cabeza en el nuestro. Cuando se propuso el volver a instaurar la figura de la reelección presidencial en Colombia no me pareció mala idea, teniendo en cuenta que sería una buena forma de tener algo de continuidad y evitar la cultura del bandazo, además de darle más tiempo al presidente de hacer algo, teniendo en cuenta que los primeros dos años de un presidente los gasta en reparar los fallos del anterior.

El problema radicaba en que dicha reforma no se hizo pensando en que el país estaba lo suficientemente maduro institucionalmente como para asumir una reelección, por el contrario, se hizo para perpetuar la figura de un presidente muy popular, y la forma en que se hizo obviamente levantó polvareda. Y a decir verdad, lo correcto es que la medida aplicara a partir del presidente posterior a Uribe, no que éste cambiara las reglas de juego a su antojo y a mitad de camino. Afortunadamente para la institucionalidad del país y para mantener el aún inestable Estado de Derecho, se cayó la segunda reelección y Uribe respetó la decisión de la Corte Constitucional.

Retomando el tema del arreglo de fallos presidenciales anteriores, ya le estalló el primer relajo al actual presidente Santos y tiene que ver precisamente con la tan cuestionada reelección, justo cuando pensábamos que estaba ya instaurada y era página pasada. No voy a hacer mucha mención a los hechos actuales, al poderse leer en cualquier publicación de medios colombiana, baste decir que en los procesos contra el otrora ministro del interior Sabas Pretelt se encontraron varios vicios cuando logró el cambio del “articulito”. De fallarse en contra de Pretelt la reelección uribista será un caso aislado en la historia reciente de nuestro país.

Por consiguiente bien haría Santos en no ponerse a pelear a favor de dicha reforma y dedicarse a gobernar, si su intención es realmente hacer las paces con la rama judicial y no iniciar otro “choque de trenes”, además de respetar la institucionalidad. Claramente el país todavía no se encuentra lo suficientemente maduro como para asumir responsablemente algo tan serio como una reelección en el poder, recientemente vimos como tristemente nos dejamos llevar más por las pasiones que por la razón, porque al parecer ninguno de los que se dicen democráticos al promover que la segunda reelección fue la decisión de las mayorías, tuvo en cuenta que Uribe no puede ser popular por siempre, y que de esta forma se estaba dando pie a que alguien a quien considerasen nefasto también pudiese perpetuarse en el poder.

Entonces queda esperar que el fallo ante esta nueva demanda sea el correcto. De cualquier forma, sea cual fuere el resultado hay que tener en cuenta que el buen funcionamiento del sistema de gobierno que hemos elegido y muchos defendemos depende en buena parte de la fortaleza correcta de nuestras instituciones, lo cual se logra cuando las leyes imperan incluso sobre el personaje de moda; tal vez así nos tomen más en serio en el exterior, y nosotros mismos nos tomemos más en serio, en vez de vernos como un montón de arrebatados pasionales que se dejan deslumbrar con cualquier espejismo.

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