Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

lunes, 23 de agosto de 2010

Los problemas del agro en Colombia

Un tema a la vez histórico y delicado en Colombia es la cuestión del agro, y precisamente por lo delicado es que lo he tocado tangencialmente en artículos anteriores. Nosotros a pesar de una declaración de independencia, festividades rimbombantes de bicentenarios, pero honestamente no logramos sacudirnos de la mayoría de las viejas estructuras colonialistas. Podría dar una lista larga, pero para este caso voy a nombrar La Encomienda, donde un ecomendero recibía un favor del rey para poder tributar en su nombre a los indígenas, a cambio de darles protección a estos y adoctrinamiento católico, lo que posteriormente degeneró en un sistema de abuso y trabajos forzosos.

Desde entonces este país ha prolongado su tradición de grandes terratenientes, que ni prestan el hacha, ni dejan rajar. Digo esto porque en 200 años de independencia no se le ha dado un verdadero uso productivo a las tierras fértiles: nuestra agro-industria es casi inexistente además de débil, y a pesar de la mano barata, no se ve mayor despegue en materia de economía o por lo menos en materia de desempleo.

El día de hoy se discute una vez más en el congreso la posibilidad de lograr una reforma agraria, así como se intento hacer en la Revolución en Marcha de López Pumarejo en 1936, o la reforma de Carlos Lleras Restrepo en 1968, y ha sido banderilla de más de una campaña, y ninguna ha sido realmente fructífera, no por nada el control de dichas tierras da para financiar campañas políticas. Y a pesar de no ser muy amigo de los socialismos, de las intervenciones estatales, y promuevo el derecho a la propiedad privada, sí es verdad que comparto la idea en que a muchas de esas tierras se les podría dar un mejor uso; no por nada una de las condiciones para tener tierras en los establecimientos puritanos en Norteamérica era trabajarlas, quien no lo hacía corría el riesgo de ser expropiado y que estas fueran entregadas a alguien que sí lo hiciera.

Una consecuencia positiva de la era de los grandes carteles de narcotráfico es que se lograron incautar varias tierras, así mismo en los procesos de paz con los grupos paramilitares, estos entregaron tierras al Estado. Por otro lado tenemos personas desplazadas a las cuales el Estado les incumplió en una de sus funciones básicas, la seguridad. Entonces tales tierras podrían repartirse entre aquellos desposeídos como una especie de compensación a estas personas, así ni todo el oro del mundo cubra sus pérdidas, sin necesidad de expropiaciones arbitrarias, y de paso que las administre alguien que a diferencia del Estado las sentirá como propias y les dará un buen uso, o eso se espera.

Traigo esto a colación porque soy consciente de lo sucedido en el mandato anterior, donde en aras de lograr una mayor productividad el Estado le otorgó tierras a la empresa privada para intentar hacer que despegara la agroindustria en nuestro país. La medida no sólo causó controversia porque una vez más no se les entregó las tan anheladas tierras a los desposeídos, sino por la importación de cultivos foráneos como la palma africana. A riesgo de sonar cínico, esa es una preocupación que me abarca a mediano y largo plazo de llegarse a dar tal repartición; no es claro si vamos a tener después de eso un agro productivo o uno mantenido. Porque de no darse lo primero, lo segundo lleva a interminables subsidios que degeneran en casos como el también controversial Agro Ingreso Seguro.

Actualmente nuestro agro recibe subsidios para poder compensar las distorsiones del mercado, donde los precios de venta no cubren los costos de producción, dado lo artesanal de nuestra producción agrícola; de cobrarse a precios reales sus productos, casi nadie podría hacer mercado, además de no lograr competir con productos que vengan del extranjero. Entonces claramente se requiere de una agroindustria fuerte y competitiva, que supla las necesidades locales y que incluso pueda dar para exportaciones cuantiosas y que superen a las de recursos no renovables; pero difícil lograr esto con subsidios que solo logran actitudes acomodaticias y que piden más ayudas, pero por otro lado la situación está muy precaria como para aplicar una reforma agraria a la neozelandesa.

Aquí lo adecuado, según mi parecer,  es como solía proponer Álvaro Gómez trazar una meta y seguirla a cabalidad. Para lograr una buena industria agrícola, competitiva, de buenos productos, que genere empleo, y autosuficiente, de seguro tendremos que darle varias concesiones a dicho sector de la economía, de hecho es lo que parece proponer nuestro actual presidente; lo esencial acá es dar un tiempo adecuado, puntual e inamovible para que pueda realizar los preparativos requeridos, de todos modos las economías más libres tuvieron que pasar por un periodo de proteccionismo para lograr tal libertad; pero que tampoco se duerma en los laureles pensando que las dádivas van a ser infinitas. Una vez más insisto, es cuestión de posibilitar la manera en que los individuos que componen a nuestra sociedad logren hacerse responsables de sí mismos, para así gozar de una verdadera libertad.

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