Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

sábado, 7 de agosto de 2010

En defensa de la rivalidad

Hoy en Colombia estrenamos presidente, y ya se da inicio oficialmente al gobierno de unidad nacional. Sé que he hecho varias puyas en contra de esta supuesta unidad, la cual me rehúso a pensar que es el “acuerdo de lo fundamental” del que hablaba Álvaro Gómez como dicen algunos, al considerar que dicho acuerdo se daba entre gobierno y oposición, y no como una repartija de cuotas burocráticas. Y no es que esté en contra de nuestro nuevo presidente, todo lo contrario, creo que le vendría bien en su gobierno una oposición inteligente, así yo no esté de acuerdo con esta. Ya les explico por qué.

Existe una razón por la cual las contiendas deportivas emocionan a la mayoría de personas, que es la misma por la cual se han logrado avances en las ciencias, en las humanidades y en las artes. Desde la misma filosofía los grandes pensadores trataban de refutar entre sí sus postulados, y no por nada fue esta la base de la actividad intelectual. No se trata sólo de un argumento económico, de hecho se puede ver que las mejores mentes sobresalen cuando sienten que alguien más puede quitarles su lugar en el mundo, haciendo que se esfuercen más; como también cuando se siente la necesidad de tumbar de su pedestal a alguien que se cree intocable, eso exige mucha preparación.

Es cierto que tales rivalidades han producido hasta el día de hoy cruentos enfrentamientos y grandes guerras, pero precisamente fue por aquellos procesos históricos que se logró consolidar un sistema en el que se permite un “acuerdo de lo fundamental”, la competencia se puede encauzar en algo provechoso, y donde las partes rivales pueden competir sin necesidad de matarse, o tener una que eliminar a la otra; cosa en que muchos han fallado en reconocer y aprovechar. Así como sería aburrido un torneo donde sólo hay un equipo al haber eliminado a todos en el anterior, es poco fructífero tener una sociedad donde todo confluye hacia un solo sitio.

Hoy en día con el advenimiento del postmodernismo, el cual empezó como una alabanza al eclecticismo, se ha vuelto una excusa para relativizarlo todo y no sentar posición alguna, varias personas esperan propagar una idea de no tener idea. Con la excusa de no repetir las atrocidades del pasado pretenden promover el ser una especie de tabula rasa o una veleta al viento, donde la mejor convivencia es aquella donde no existe distinción alguna, y la controversia es inexistente. No admiten que haya distintas habilidades entre distintas personas, e incluso promueven contiendas deportivas donde no se anotan puntos, o de hacerlo le ponen trabas y todos reciben una medalla por participar. Recuerdo aquella frase de “Los Increíbles”: “Todos somos especiales es lo mismo que decir que NADIE es especial”.

No sólo es algo aburrido, sino que además lo encuentro tremebundo. Esas ideas de homogeneidad y una sola idea tuvieron popularidad a mediados del siglo pasado con resultados nefastos, como bien lo retrató George Orwell en su gran obra “1984”. Ahora tal vez no se vea como algo tan pugilista y autoritario, pero tanto hoy como ayer estos propósitos estaban basado en “buenas intenciones”, y si no tenemos a un pueblo hecho maquina de muerte, si tendremos una gran cantidad de entes contentos de sí mismos en una vida mediocre.

Algunos me dirán que eso es algo de Occidente, como si en la India en toda su historia sólo se la pasaron meditando, y China se unificó a punta de taoísmo. Nuestra historia y principalmente nuestra naturaleza nos ha demostrado que logramos grandes cosas no al ser complacientes, sino cuando sabemos canalizar nuestras energías. Porque algunos quieran vivir pasmados al no poder resistir la tensión de una buena competencia, no quiere decir que tengamos que detener nuestro curso. El aprendizaje fue duro pero podemos aprovecharlo para hacer grandes cosas, y el ocio y la pereza no son buenos consejeros.

Precisamente un buen líder muestra lo mejor de sí cuando tiene una buena oposición, y ambas partes respetan las reglas, no cuando está rodeado de zalameros que sólo saben decir que “sí” a todo. No más pregúntenle a Uribe.

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