Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

sábado, 5 de junio de 2010

Una breve reflexión sobre la Ciencia Política en Colombia

El propósito de este ensayo es dar una posible explicación a lo que es Política y su diferencia con la Ciencia Política, la relación con las demás ciencias sociales, sus divisiones internas y cómo, todo esto, se ve reflejado en Colombia.

Para empezar a diferenciar la Política de la Ciencia Política, se presenta la definición que hacen Losada y Casas (2008) sobre la Política: “las interacciones relativas a repartos terminantes de valores”. Estos repartos implican una autoridad coercitiva que los efectúe y, las interacciones alrededor de éstos no se limitan a dicha autoridad, sino que incluyen a todos los miembros de la sociedad.
Esto es particularmente cierto en el caso colombiano, dado que, además de la autoridad coercitiva legítima que es el Estado y las organizaciones sociales que compiten por vías legales para hacerse cargo de este poder como los partidos políticos, también existen grupos armados al margen de la ley, mafias, y otros grupos sociales (Ej: los esmeralderos) que bien, podría afirmarse, ejercen una autoridad coercitiva en un reparto terminante de valores, o bien, claman la búsqueda para acceder al poder de forma violenta.

Para sustentar tal argumento podemos basarnos en la obra de Paul Collier (2006), quien afirma que los conflictos internos no se dan por la ausencia de riqueza, sino por la presencia de la misma dentro del país en conflicto, por la dependencia económica del país a la exportación de materias primas, por el bajo ingreso per cápita, y por un crecimiento económico lento, lo cual permite el surgimiento de grupos rebeldes. Las principales exportaciones de Colombia son café, petróleo, carbón y ferroníquel (Banco de la República, 2010), todas materias primas; el PIB per cápita es de US$9.200 (puesto 110 en el mundo), y el crecimiento económico para 2009 fue de –0.1% (CIA, 2010). De acuerdo con lo anterior, se cumplen todos los factores expuestos por Collier, pero el más llamativo son estas materias primas que, sumadas al tráfico ilegal de estupefacientes, dan el sustento económico para que existan estos grupos diferentes al Estado que ejercen repartos terminantes de valores, incluso teniendo un control propio de armas y demás coerción violenta, haciendo que en Colombia no se dé el monopolio de las armas que debe tener un Estado moderno según la propuesta de Max Weber (1919).

Ya explicado que la política es unas relaciones sociales determinadas, ahora para poder relacionar esta definición con el concepto de ciencia, se intentará dar una definición de ella. Para llevar estas relaciones a la ciencia podemos remitirnos a la definición de Wilhelm Dilthey (1966), quien propone un concepto de ciencia distinto a las corrientes newtonianas de las ciencias naturales, para describir el tipo de ciencia particular a lo social (que él llama ciencias espirituales) la cual está fundamentada en lo histórico-social, entendiendo esto como algo más allá de unas relaciones mecánicas. Esta separación es clave al estar las ciencias del espíritu en una relación cercana tanto al objeto de su estudio como a la complejidad de la consciencia humana.

Dilthey (1966) expone la ciencia como proposiciones conformadas por conceptos determinados, constantes y de validez universal, además de comprender al conocimiento como un establecimiento de uniformidades basadas en la experiencia, y las relaciones recíprocas entre éstas. Así mismo complementa esta idea al decir que la realidad a estudiar no es una realidad a la que se quiere dominar sino comprender. Además Weber (1919) apoya esta idea proponiendo que la ciencia debe proveer normas para razonar e instrumentos y disciplina para llevar a cabo lo propuesto.

Es así que puede la Ciencia Política acercarse al estudio de las relaciones basadas en los repartos terminantes, en comprender todo aquello que las componen y establecer sus elementos comunes como también sus diferencias. Así mismo debe desarrollarse un lenguaje propio y utilizar una argumentación rigurosa (Snow, 1998), esto en aras de tener una claridad en el lenguaje que utilizamos para que nuestros lectores u oyentes logren distinguir las posiciones expuestas (Weber, 1919). Así mismo se debe tener clara la necesidad de argumentos, y tener en cuenta que existe una diferencia entre el papel de un politólogo como científico, y otro como ciudadano que participa en política (Weber, 1919). Si bien es difícil en la complejidad de la consciencia humana no tener juicios de valor, estos si deben ser presentados como tales para intentar lograr una presentación más objetiva (Sartori, 2002).

Claro que dar una definición específica e inamovible de Ciencia Política es algo arriesgado, los mismos politólogos dan definiciones propias y llegan a hablar de distintas corrientes, macromoldes (Losada y Casas, 2008), o incluso mesas separadas (Almond, 1999), de los cuales podemos extraer 4 o 5 corrientes distintas, aparentemente siendo tres las más relevantes, de acuerdo con los textos referenciados: Empírico-Analítica (Losada y Casas, 2008) o Derecha Dura (Almond, 1999), Hermenéutica (Losada y Casas, 2008) o Derecha Blanda (Almond, 1999), y Crítica (Losada y Casas, 2008) o Izquierda Blanda (Almond, 1999). Varios intentos se han dado por unificar a la Ciencia Política, particularmente la revolución conductista de la postguerra, la cual hoy en día es muy criticada; pero sí es necesario establecer un patrón común de qué es la Ciencia Política, porque si bien es enriquecedor tener varias perspectivas, se puede degenerar en que cualquier publicación sería considerada ciencia, y la Ciencia Política sería a la vez un todo que no es nada (Arjona, sin fecha).

Esto en pro de lograr una mejor diferenciación de la Ciencia Política con las otras ciencias sociales o del espíritu, en particular con las Ciencias Estado-Céntricas que expone Wallerstein (1995). Pero no se trata de una diferenciación a rajatabla y aisladora, bien se puede notar que sólo en este texto se han citado además de politólogos, a economistas, sociólogos y otros científicos sociales. Al ser tan complejo el espíritu humano, cada ciencia se concentra en lo diferencial y singular que le sea interesante sobre dicho espíritu, pero es la relación con las demás ciencias la que logra una totalidad de la realidad que están construyendo (Dilthey, 1966).

También es preciso anotar que las corrientes y enfoques descritos anteriormente no son un fenómeno aislado de la Ciencia Política, de hecho son compartidos con otras ciencias sociales, y podemos poner un ejemplo como el enfoque de Teoría de la Elección Racional (Vidal de La Rosa, 2008), que es un enfoque nacido de la economía, pero cuya aplicación ha sido considerada adecuada para todo tipo de relaciones, y por lo tanto, todo tipo de ciencias sociales.

Estas consideraciones son clave si se tiene en cuenta el caso de Colombia el cual es bastante complejo, no sólo por los repartos terminantes de valores expuestos al principio de este ensayo, sino también porque es un claro ejemplo de una comunidad imaginada como nación (Andersson, 1993). Empezando por la diversidad de climas y ecosistemas que presenta su territorio nacional, a la población colombiana no se le podría considerar homogénea, salvo tal vez por el predominio del idioma español y el catolicismo (CIA, 2010), haciendo que las relaciones al interior de su territorio sean aún más complejas.

Aún así, la Ciencia Política es una ciencia joven en nuestro país, su primer departamento se abrió en la Universidad de los Andes en 1968 bajo una fuerte influencia de la revolución conductista de la época, y no fue sino hasta la década de 1980 que se dio un instituto de estudio interdisciplinar en política con la fundación del IEPRI en la Universidad Nacional. Desde entonces se ha ampliado el número de programas académicos sobre Ciencia Política y disciplinas similares en las universidades colombianas (Bejarano y Wills, 2005).

Esto podría percibirse como positivo, pero Rodrigo Losada (2004) advierte sobre una pérdida de identidad de la Ciencia Política, al no haber suficientes politólogos con títulos de maestría o doctorado, además del hecho que las publicaciones son aisladas y escasas. Cabe anotar que el mismo Losada sufre de un sesgo, al ser un fuerte exponente del molde Empírico-Analítico, y entre líneas se alcanza a notar un deseo por un mayor acercamiento a lo que él expone como Ciencia Política.

Una vez más, la Ciencia Política es una disciplina joven en Colombia, y si bien su expansión en las academias aún no tiene mucho sustento de títulos de postgrado, y las publicaciones aún sean escasas y aisladas; entre toda esa expansión puede estar la materia prima para mejores profesionales, y publicaciones de mayor trasfondo. Probablemente el comportamiento de una logia cerrada no sea la más adecuada para fortalecer a la Ciencia Política, aunque claramente habrá que ir sacando a los elementos que no sean beneficiosos para ella. De hecho, la Ciencia Política tiene que expandirse lo suficiente para admitir las necesarias contribuciones de las demás ciencias sociales.

Tendencias las hay y van a haber en toda competencia humana, lo interesante es ver en esa competencia que es lo que sobresale y/o se mejora dentro de ella, por lo tanto podría ser necesario fomentar una sana competencia entre las academias y los enfoques para lograr depurar y mejorar a la Ciencia Política en Colombia. Ya hemos tenido hasta la fecha dos congresos de esta ciencia, lo cual puede ser pasos definitivos hacia su consolidación.

La política en Colombia es compleja, no se podría esperar menos que la ciencia que la estudia tenga varios retos por superar, y mucha tela por cortar.

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