Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

viernes, 11 de junio de 2010

1985

1985 fue un año particularmente triste para Colombia. Yo apenas tenía cuatro años, pero entre mis primeros recuerdos están la toma del Palacio de Justicia y el desastre en Armero. En ese año gobernaba Belisario Betancur, último presidente colombiano que llegó abanderado por el Partido Conservador, que en esa época era el Partido Social Conservador. Aunque en mis recuerdos el primer presidente colombiano fue Virgilio Barco (1986 – 1990), revisando los archivos de la época se podría decir que Betancur hizo lo más por abrazar ese aspecto social ya rayando en lo populachero: llegó a la inauguración presidencial en un Renault 4 (el carro del pueblo colombiano), comparativamente sus medidas económicas fueron más de izquierdas que las posteriores tomadas por los liberales Barco y Gaviria, y de hecho se podría argüir que fue más autoritario el también liberal Turbay.

Es precisamente esa posible falta de autoridad a la que se hace referencia cuando se trata de explicar lo ocurrido hace 25 años en la toma del palacio. Hay quienes dicen que los militares resolvieron por su cuenta y sin consultar al presidente la retoma del palacio, y varias cosas aún se cuestionan al haberse cortado la transmisión de los sucesos por orden de la en ese entonces ministra de comunicaciones, Noemí Sanín. Lo cierto es que acciones se debían tomar, ya antes el M-19 había asestado duros golpes contra la moral del país, y no se podía darles ya más gabelas luego de los infructuosos diálogos de paz. El problema radica en que los militares, por su función particular como fuerzas armadas legítimas del Estado, están facultados para romper la paz para mantenerla, y con ellos temas como el daño colateral no se tienen en cuenta, el ejército interviene para restablecer el orden a como dé lugar, y por eso sus acciones deben ser juzgadas por un tribunal especial.

25 años después el M-19 ya fue indultado, desmovilizado, y varios de sus antiguos integrantes se mueven hoy en el mundo de la política, como el ex candidato por el Polo, Gustavo Petro. También es condenado a 30 años de cárcel el Coronel Alfonso Plazas Vega, quien estuviera a cargo de la retoma del palacio, por la desaparición de rehenes civiles que un video revelado hace pocos años demostró que fueron rescatados por el ejército. Esta condena ha desatado todo tipo de pasiones en la polarización actual de la política, que como ha venido sucediendo tiene que ver más con lo emocional que con lo racional. Están los que defienden a Plazas Vega como héroe nacional, y de cuyos argumentos vale la pena rescatar que no fue juzgado en un tribunal militar al ya no existir el fuero, y además de sólo juzgar a los militares y no a los que ocasionaron el desmadre. Por otro lado, entre todos aquellos que se cargan a Plazas por el hecho de ser militar, tienen razón los que argumentan que el ejército como fuerza legal del Estado tiene que demostrar cierta legalidad a pesar de su condición especial anteriormente mencionada; y lo que es obvio, alguien debe responder por los rehenes supuestamente rescatados y de los que hasta el día de hoy no se sabe nada.

Pueda que el coronel sea un chivo expiatorio, aún más teniendo en cuenta que si no se tomaban cartas en el asunto, esto se iba a DIH donde de acuerdo con el código 4 también es responsable el Estado colombiano por omisión. Lo que es bastante claro es que a pesar de los procesos de paz y el paso del tiempo no han sido suficientes para sanar las viejas heridas que intentamos tapar con un dedo, y por ello se nos estallan en la cara.

4 comentarios:

  1. AUTORIDAD ES LO QUE TE FALTÓ EN LA CASA A VOS GODO FASCISTA

    http://resistencia-marxista.blogspot.com/

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  2. YVANEHTNIOJ !!! Gracias por el cumplido así como el escritor de este artículo, también soy un godo orgulloso de trabajar y ganarme mi dinero, y no que un estado me inutilice y neutralice regalandome todo...

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  3. @Anónimo: Ese es el espíritu, no se moleste por unos juntahongos que no distinguen fascismo-estado corporativo con verdadero conservadurismo; para ellos todo lo que no sea su reparto de miseria es fascista

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  4. Pobres godos sin partido. Trabajar, trabajar y trabajar es lo que les queda, mientras parásitos como Enrique Gómez intriga y entrega el trapo azul al primer uribista que le pase por la jeta.

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