Siguiendo la línea conservadora de Johnny Ramone, el capitalismo de los Misfits, el republicanismo de Agnostic Front, el derechismo de Combat 84, y la irreverencia y estridencia propia del género.

Una revisión de los hechos desde una mirada de Nueva Derecha: Republicana en lo político, Neoliberal en lo económico, y Realista en lo internacional.

viernes, 14 de mayo de 2010

República vs. Democracia

Leyendo para mis clases un poco de la obra de Giovanni Sartori, quien es considerado uno de los mejores politólogos de estos tiempos, encuentro apuntes muy interesantes sobre la democracia, en particular en su libro “30 lecciones sobre la democracia”. Aquella democracia que se nos vende como una panacea, la solución a todos los males sociales, y que aquí en Latinoamérica no parece funcionar, y da pie a que muchos la ataquen y propongan formas más radicales de gobierno. Sartori hace claras alusiones y diferenciaciones entre la democracia antigua, la practicada por los griegos en la polis, en donde todos participaban; y la democracia moderna, representativa, y que prima en el mundo occidental.

Sartori es claro en su preferencia hacia el segundo tipo al considerar a la democracia un juego de suma cero donde nadie gana, y a la actual a una suma positiva donde todos ganan algo. Anota además como esta democracia moderna empieza a tomar forma en la Res Publica romana, al ser la primera vez que se elige por un representante y no por una decisión; y es por esto que actualmente a varios Estados modernos se les conocen como repúblicas. De hecho señala como el término democracia era despreciado en aquella época de las revoluciones burguesas, lo que llevo a bautizar a estos nuevos Estados como Repúblicas.

Así mismo, y en la misma asignatura, no faltan los autores alegando que no se ha dado una democracia real debido a las diferencias de clases, las cuales no permiten que un sector de la población pueda realmente tomar decisiones acertadas y/o propias. Claman por una verdadera libertad “positiva” donde al individuo no se le da la oportunidad para que tome decisiones acertadas en su vida y busque su propio bienestar, sino que se le provee todo para que así no sienta presión alguna y pueda tomar tales decisiones acertadas. Podría decirse que estos autores promueven una mayor “horizontalidad” en la toma de decisiones similar a la de los antiguos helenos, aún cuando señalan que se trataba de una comunidad limitada, y que uno de los pilares de ésta era la esclavitud.

Una democracia real sería entonces aquella donde todos y cada uno participáramos de todas las decisiones de la sociedad, donde el pueblo sería en verdad (según estos autores) soberano. Un momento ¿no recuerdan que basándose en tal poder soberano del pueblo casi nos meten la posibilidad de que alguien pudiese gobernar durante 12 años consecutivos? ¿Es eso realmente el poder de los individuos en conjunto? No me vengan con cuentos, si bien es cierto que hay gente viviendo en condiciones paupérrimas, que en Latinoamérica y particularmente en Colombia podríamos decir que tenemos unas relaciones de suma negativa; no considero ni por error que la solución sea proveer cuanta cosa sea considerada necesidad básica, teniendo en cuenta que el conjunto de necesidades básicas crezca, no disminuya; que en vez de tender una mano se regale todo; y que la sabiduría se encuentre en el colectivo generando lo que Burke bien llamara “tiranía de las masas”. Casos de grandes ingenierías sociales apoyadas por el pueblo son las que abundan, y ninguna tiene un final feliz (o por lo menos una época feliz).

Lograron con toda que me declare un republicano, quitando el bagaje del partido al que sigo en mi otra patria o cualquier otra connotación. No creo que el poder radique en el pueblo sino en los individuos, y así como el poder en el Estado requiere de pesos y contrapesos, si el poder radica en los individuos ahí también se necesita peso y contrapeso. La masa como tal es muy voluble a ser influenciada por las pasiones, causando sus propios desdenes. Si se necesita ayudar, debemos tener en cuenta al individuo, y no simplemente a un colectivo que se encuentra mal, valorarlo, y no despreciarlo como un ser incapaz. Si tenemos derechos, asumámoslos como obligaciones, nuestro poder participativo no se limita a votar y ya; si somos mayoría, asumamos que podemos volver a ser minoría, y es mejor de entrada saber respetar y objetar. Necesitamos hacer valer nuestro carácter de República dado lo complejo de nuestra sociedad, y no dejarnos llevar como una chusma iracunda que crea a sus propios napoleones.

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